Opinión
La insensatez
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Este título suena como uno de los que identifica a las obras de Milan Kundera, el escritor checo-francés que algún día recibirá el nobel de literatura. Lo utilizo para mi artículo porque creo que uno de los adjetivos que mejor califica a los miembros del gobierno de Venezuela es el de insensatos.

El país se desangra, 62 muertes violentas por cada 100 mil habitantes es la pavorosa cifra que conservadoramente reconoce la Fiscal de la Nación. El país se empobrece al ritmo de vértigo que impone el tiovivo enloquecido de la inflación: 120% es el aumento anualizado hasta junio, según estima José Guerra. El país se descapitaliza en recursos humanos cuando, a través de lo que posiblemente Betancourt hubiera denominado el “venezueladucto”, la flor de nuestra juventud y lo más esclarecido de nuestra inteligencia, se marcha al exterior.

Todo esto ocurre mientras el hatajo de insensatos que nos gobierna, ni siquiera se inmuta. La ignorancia, la ceguera ideológica y hasta quizás el placer sádico del carcelero, pareciera ser el sustrato que sostiene al discurso vacío, al aquelarre necrofílico, como únicas respuestas a los gravísimos problemas que confrontamos y que, por supuesto, ante tan geniales “actos de gobierno”, no cesan de agravarse.

En otras latitudes la insensatez tiene límites, en nuestro caso pareciera que fuera infinita. En Grecia, por ejemplo, Syriza, el partido populista que prometió imposibles para ganar las elecciones, gira 180 grados y firma con las autoridades europeas y con el Fondo Monetario Internacional, lo que en Venezuela conocemos como “paquete económico”.

La semana pasada vimos al presidente Maduro celebrar con entusiasmo el triunfo del No en el referendo que se realizó en Grecia. Pero todavía no se ha pronunciado, ni creo que lo haga con seriedad, sobre la sensatez de Alexis Tsipras al aceptar el costo político de suscribir el acuerdo que salvará a su país.

Manuel Narvaez

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