Opinión
LA PRIMAVERA VENEZOLANA
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LA PRIMAVERA VENEZOLANA

A partir del año 2010 los países de la Península Arábiga y del norte de África han estado viviendo bajo un clima de violencia e inestabilidad política, como consecuencia de la iracunda protesta de una población agobiada por dificultades económicas, y cansada de soportar gobiernos despóticos. El aleteo de la mariposa que desencadenó la Primavera Árabe (así se bautizó desde occidente a ese proceso) fue la inmolación, rociándose gasolina y prendiéndose fuego, de Mohamed Bouazizi, un joven tunecino desempleado y desesperado.

La ilusión de lograr rápidamente el objetivo de democratizar el sistema político y generar condiciones para el crecimiento del empleo y del ingreso; se vio frustrada por la brecha profunda que separa a los partidarios de un estado laico, enfrentados a los fundamentalista que prefieren una sociedad que funcione bajo inspiración estricta del Corán.

Salvo Túnez, ninguno de los países de la región ha logrado superar esa división trágica. La clave que explica tan notable diferencia, es la voluntad de un grupo de corajudos ciudadanos tunecinos que decidieron romper con la dinámica de violencia y confrontación, para en su lugar favorecer al diálogo y la negociación como la vía eficaz y civilizada para la coexistencia, para la convivencia respetuosa y fraternal. En reconocimiento a ese esfuerzo, el Cuarteto Nacional de Diálogo de Túnez acaba de recibir el premio Nobel de la Paz.

La Primavera Venezolana está por comenzar. Aquí el sutil y portentoso aleteo de la mariposa tendrá la forma de la victoria de la MUD en las parlamentarias de diciembre. A partir de allí podremos entregarnos a las bajas pasiones de odio, retaliación y violencia, como las que consumen a Siria, Libia o Egipto; o jugar al respeto del otro, la cooperación inteligente y la grandeza nacional trascendente, como tratan de hacerlo, no sin dificultades, pero también con muchísimo éxito, en Túnez.

Manuel Narvaez

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