Opinión
La república del silencio
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Las encuestas coinciden en algunos puntos cruciales. Entre 70 y 90% de la gente considera que el país  está en un barranco, que el gobierno no sirve y que las cosas empeorarán. En intención de voto por candidatos a las parlamentarias, la Unidad casi triplica al PSUV y la tendencia es que se ensanche la brecha. 70% desconfía del CNE, que se lo ha ganado a pulso, pero le da gran valor al sufragio, lo que una mente lineal no entiende. 85% dice que “llegamos hasta aquí con el voto y con el voto saldremos” según trabajo de la Ucab. Los entes con mayor prestigio son la Universidad, la empresa privada y la Iglesia, a pesar de los enconados ataques recibidos en lo que va de revolución. Millones y millones dilapidados en la compra de medios para dejar afónica a la ciudadanía. Es la quiebra de la hegemonía comunicacional, todo se derrumba.

Pese a que han querido convertirlo en lo que Sartre llamó la república del silencio, el país brama como un río crecido, arrastra árboles y bestias muertas, pero no quiere salirse de cauce ni que intenten sacarlo. También brilla la imagen de la Unidad, que se fortalece contra viento y marea: viento la ferocidad del gobierno y  marea la de la oposición de la oposición. Cómo comentó en su momento alguien identificado con ellos, los desórdenes del año pasado buscaban “hacer estallar la MUD para tomar el liderazgo desde la calle”. El exabrupto y la voluntad totalitaria llegan al extremo de atribuir la hiperdevaluación implacable a los comentarios de una página WEB. Declaran el insólito deseo de “ponerle la mano” a Mozilla, Google Crome, acusan a los principales periódicos del mundo de una “conspiración”, como si El País, ABC, Wall Street Journal  y cientos de otros, no  tuvieran más nada que hacer sino complotar contra los actores de esta opereta.

Vuelve el burro a la miel

El socialismo en carne propia ha sido la mejor escuela para muchos comunicadores sociales, otrora ideologizados por profesores universitarios. “Grandes maestros” formaron generaciones de revolucionarios del periodismo que aprendieron a odiar la televisión, la radio y la prensa “capitalistas” y a asumirse como factores de cambio social y no como profesionales que realizan una tarea delicada y útil. Ante el fracaso ensordecedor de la hegemonía comunicacional la revolución se sostiene precariamente en la fuerza, argucias, triquiñuelas, potes de humo, trapos rojos. Tapar un horror con otro, un escándalo con el siguiente. Se alimentan de la esperanza de que se produzca  una oleada de desórdenes  de calle, sirenas de ambulancias, gases lacrimógenos, colectivos madreando, detenidos, muertos, para declarar un Estado de excepción y suspender un proceso electoral que se aproxima inexorable.

Así podrían acusar de nuevo a la oposición y al imperialismo, al estilo cubano, de tantos fracasos. Rousseff y Tabaré Vásquez se reúnen  para expresar grave preocupación por Venezuela, cosa diplomáticamente impactante y el gobierno norteamericano afina su peligrosa puntería ¿Por qué alocada idea de dejar que todo se pudra y se derrumbe? La ausencia de comunicación libre es caldo de cultivo para los rumores. Por eso el fin de semana estuvo poblado chismes, murmullos, bolas para desesperar a los sectores medios. Desgraciadamente algunas fuentes seudopositoras, la oposición de la oposición, contribuyeron por su cuenta con narraciones igualmente tenebrosas. Sembraban pánico anunciado corralitos, impulsaban a la gente a comprar “lo que sea” con la tonta idea de que eso “protegía el ingreso”, cuando se sabe que las compras nerviosas en contextos de pánico solo estimulan la inflación

No off-shore

No hay que crear terror en la creencia de que “eso ayuda” ni retroceder a la vieja consigna revolucionaria de que “mientras  peor mejor” que solían decir los comunistas en décadas de fracaso. Falso e ingenuo creer que mientras más hambre pase la gente o más muchachos maten en los barrios, más se aproxima el final. Eso lo llamaron algunos pensadores marxistas “exasperar las contradicciones”. La ciudadanía debe tener claro  que lo que venga lo van a afrontar quienes dan la cara todos los días aquí y no los charlatanes y guerrilleros a 3000 Kms.  Leopoldo López, Ceballos, se lanza en una arriesgada huelga de hambre sin recordar que la dirección opositora debe ser colectiva, en el ánimo de volver a la ilusión de la salida de la que parece que no aprendieron mucho. Los huelguitas merecen toda la solidaridad humana, pero nadie debe pretender que otros lo acompañen en aventuras que, además, no ha consultado.

El gobierno obviamente desea y estimula guarimbas para repetir la derrota de sus oponentes como en 2014, detener dirigentes opositores, ilegalizar partidos, reprimir, denunciar golpes de Estado y salirse-creen ellos- del paquete de las elecciones. Y cualquier barbaridad que cometa el gobierno agravará su situación, ya que no quieren aprender las materias. Daniel Ortega demostró que es mejor perder unas elecciones para luego retornar, que el camino de Velasco Alvarado, cuyo gobierno se cayó solo, se pudrió, como decían los peruanos a propósito de la pierna enferma del dictador. La mayoría va a hablar, el río crecido no se deja tapar la boca, no hay república del silencio y nadie debería jugar con eso. No hay que equivocarse de nuevo. Solo muere lo que no tiene fuerza para vivir y la democracia vivirá.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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