Opinión
LA TRAGEDIA
Opinión

La Violencia, así, a secas, sin adjetivos, se refieren los colombianos a la guerra civil no declarada que la chispa del asesinato de Gaitán incendió sobre la profunda fractura política que nuestros vecinos no fueron capaces de reducir por medios democráticos. La Violencia, ese laconismo, esa economía denominativa, transmite con sencilla y total intensidad el carácter superlativo de la orgía de sangre y odio que por dos décadas sacudió los cimientos de la sociedad colombiana.

La Tragedia, así, con rotunda simplicidad, se refiere la gente del Estado Vargas al horror desencadenado por el deslave de diciembre de 1999. De aquel pavoroso evento recuerdo la opresiva congoja y la lágrima incontenible ante tanto sufrimiento, tanta muerte, tanta destrucción. Recuerdo que subiendo a Caracas a pocas semanas del deslave, me impresionaron las laceraciones de los cerros; pensé en la crueldad de un gigantesco demonio que clavó sus garras, una y otra vez, para destruir la capa vegetal y la vida. Recuerdo que, meses después, yendo al maltrecho núcleo de la Simón Bolívar, un peñasco de más de seis metros de diámetro destacaba en medio del paisaje lunar en que se había transformado lo que lo que antes era la amable urbanización de Los Corales. Recordemos que las causas de La Tragedia fueron, primero, el diluvio provocado por factores meteorológicos extremos y, segundo, la irracional ocupación y la falta de mantenimiento de los cauces de los ríos y quebradas.

En Venezuela estamos viviendo momentos extremadamente críticos. El estado de postración es insoportable; la rabia, la indignación, la frustración, permean y asfixian a todos los estratos de la sociedad venezolana. Mientras tanto el régimen despótico, por instrumento de las despreciables señoras del CNE, obstruye criminalmente el cauce democrático por el que puede canalizarse pacíficamente esta insoportable presión. Temo a la tragedia de la violencia.

https://manuelnarvaez.wordpress.com/2016/09/28/la-tragedia/

Manuel Narvaez

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