Opinión
Lágrimas, fantasías y papel toilette
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Quizás una de la frases más felices de la historia sea la révolution est terminée de Napoleón cuando tomo el control de Francia. Diez años antes, el 14 de julio de 1789, un pueblo hastiado de humillaciones había iniciado la primera revolución del mundo que, como todas, se desvió de su ruta redentora y terminó en muerte, tragedia y miseria para los franceses, pero eso ustedes lo saben y es otro cuento. Se trata de resaltar esa frase que marcó un antes y un después de los derechos del hombre con la posterior redacción del primer Código Civil occidental llamado “el francés” o Código Napoleónico, que el mismo Bonaparte se encargaría de rescatar entre los papeles revolucionarios, algo bueno de la década violenta y de terror vivida. En él, los principios sagrados: derecho a la libertad individual, a la libertad del trabajo y a la libertad de conciencia.

 

Jueces que si eran jueces

 

Ese famoso documento plasmó que las libertades eran obligatorias para el Estado y permitió darle vida a las viejas aspiraciones de respeto al hombre común. Se publicó en marzo de 1804 y moldeó nuestro estilo de vida, fortalece al individuo y origina derechos que trascendieron fronteras y contribuye a dar forma al desarrollo de países y al modo tal como hoy vivimos. Ayudó a que haya sociedades en las que podamos vivir con decencia. También importante fue que puso a raya por un buen tiempo a la barbarie que había hecho fiestas con las torturas y las masivas degollinas a quienes de cualquier bando, pensaran distinto. Para su redacción encargó al presidente de la Sala de Casación el juez Tronchet, a su secretario el juez Malleville y al parlamentario Bigot de Préameneu, todos de credenciales impecables, muy lejos de cualquier suspicacia o duda de su honorabilidad. Allí la trascendencia de su trabajo. Desarrollaron el concepto de los Derechos Humanos. En cambio esta pseudo revolución trasnochada de Venezuela conculcó todas las libertades consagradas en la Constitución y fueron más allá al eliminar prácticamente el Estado de Derecho. Vinieron directo a la yugular del país, porque querían freír cabezas de opositores en vez de cortarlas.

 

De esperarse …

 

Para ello se hicieron de algunos diputados constituyentes con prontuario en vez de curriculum, buscaron jueces sin credenciales ni ética para la reforma del poder

 

judicial y posteriormente parlamentarios para proteger la revolución “legalmente”. El premeditado plan macabro del gran embaucador tuvo su corte- hace tiempo en desbandada – y viejos modos comunistas para hacer de los venezolanos unos miserables dependientes de migajas para subyugarlos y perpetuarse, al deformar y quebrar la estructura racional de poder, pero le llego su día, murió y dejo heredero que por incompetencia ni se imagina como será recordado muy pronto. No lo digo yo lo dicen ellos mismos ¿Como podía ser de otra manera si el Presidente malojillo inició su mandato con un empate técnico trampeado, lloró durante un mes en cadena nacional la pérdida de su padre político, conversó con un pajarito de espíritu galáctico y ya entonces en los supermercados no había papel toilette ni hojillas de afeitar. Se presagiaba este final de horror. La revolución había terminado. Era cosa de tiempo (poco, por cierto).

 

Manuel Carrillo De León

Venezolano observador.
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mcarrillodeleon
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