Opinión
Las reglas de Gibbs, por Simón García
Opinión

Leroy Rethro Gibbs es figura principal en una serie de TV en la que un equipo resuelve complicados homicidios cometidos contra personal de la marina de los EEUU. Otro de sus personajes, ahora como el culto forense Ducky Mallard, quien tiene la curiosa costumbre de hablar con los muertos mientras los autopsia, es David MacCallum, a quien todavía con TV en blanco y negro, recordamos como Ilia Kuryakin, el acompañante de mister Solo en CIPOL.

A cualquiera de estos experimentados agentes le costaría descifrar la maraña de intereses que se ha adueñado del Estado venezolano para liquidar el aparato productivo, desmantelar la democracia y generar una sociedad sumisa que sólo piense en cómo sobrevivir, mejor aún si peleando con el vecino para agarrar primero lo que necesite.

Las crisis prolongadas conducen a la desesperación y si nos dejamos dominar por esta es fácil perder la conducta razonada y la reflexión potente para encontrar las formas de salir de ellas. La ideología comunista fija la idea de que no hay alternativa posible al régimen, desesperanza paralizante que cuando se adueña de uno, consolida al poder dominante, aunque no tengamos conciencia de esa rendición. Cuba es la vitrina de esa clase de opresión totalitaria.

En el equipo del Servicio Naval de Inteligencia Criminal (NCIS) se habla de las reglas de Gibss. Un conjunto de normas que condensan los éxitos de su experiencia y que si se siguen aseguran un buen desempeño. En política, como en la guerra, existen ciertas pautas para orientar las conductas hacia la eficacia, la adecuada aplicación del conocimiento y la obtención de poder.

En momentos de incertidumbre, confusión y desánimo hay que seguir principios, reglas básicas junto a la capacidad de innovar los esquemas de análisis que seguimos aceptando como varita mágica, mientras los resultados indican que el poder es muy fuerte o nosotros estamos fallando en comprensión o acción. Porque cada día que despertamos el poder sigue ahí.

Debemos y podemos, una vez más, tener la entereza para levantarnos después de un fracaso. La ola de protestas abril/julio no lo fueron objetivamente; pero subjetivamente todos estamos movidos por un golpe de frustración. La MUD en su conjunto permitió sesgos en su estrategia que alentaron fuertemente la ilusión de que la caída de Maduro estaba a la vuelta del día y que la calle pararía la instalación de la fraudulenta Constituyente. Ahora nos topamos con el fraude como una realidad y tenemos que ajustar las luchas a las reglas políticas que deben aplicarse cuando estamos en desventaja y no podemos imponer todas las condiciones.

Es hora de perfeccionar, desarrollar y traducir en un plan la estrategia constitucional, electoral, democrática y pacífica. Su falta de aplicación, los desvíos retóricos y el formato extremista, es lo que ha conducido a desperdiciar oportunidades para debilitar  al régimen y afectarlo con pertinencia en sus bases de sustentación, que no son sólo las bayonetas. No respetamos las reglas y el juego no anda bien. Barajémoslo.

@garciasim

 

Sofia Torres

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