Opinión
Llueve… pero escampa: El lupanar de los soles
Opinión

La prostitución ha existido desde el origen de la humanidad. Hay quienes aseguran que es el oficio más antiguo y lo debe ser porque muchas meretrices han jugado un rol primordial en la historia. Hay una gran cantidad de términos tanto para referirse a la prostitución como a las personas que la practican, a los clientes, a los lugares, a las actividades relacionadas y en los países hispanoparlantes se usan distintos vocablos coloquiales para nombrarla.

Fíjense que en la adaptación para la televisión de la novela “La Novia Oscura”, de la escritora y periodista colombiana Laura Restrepo había una casa de citas que se llamaba “Las 4 P” y usted podía inferir que había cuatro personas cuyos nombres iniciaban con esa letra o que se refería a las actividades que ahí ocurrían.

Desde hace algunos años, 17 para ser más precisos, quienes han dirigido al país, que son los militares (este es el gobierno más militarista que hemos tenido), se dieron a la tarea de dar al traste con las instituciones del Estado y se repartieron la botija de la renta petrolera. Para ello se dedicaron a emitir órdenes que nadie supervisaría, entregaron contratos mil millonarios sin control alguno, sacaron a los militares de los cuarteles, les dieron más poder y menos responsabilidades, los pusieron donde “haiga” y les hicieron creer que la república descansaba sobre sus impolutas manos, mientras la ofrecían al mejor postor.

Ni eficientes, ni eficaces

Se les creía eficientes y eficaces, al extremo que la gente clamaba porque la bota militar pusieran orden pero la realidad demostró que fue peor el remedio que la enfermedad: las corruptelas se quintuplicaron; el negocio de las drogas administrado por los uniformados; y la violencia legítima e ilegítima “apadrinada” bajo una única autoridad.

Presenciamos como el uniforme terminaba transformado en un auténtico disfraz. Ver a un exadeco, exmepista, excausaerrista, expepetista y exmaestro (ni por asomo fue militar) vestido de teniente con gorra de general solo ocurre cuando el pudor, la honra y la decencia han caído a una fosa o cuando la adulación bien vale el celestinaje.

Pero no todo queda ahí. Esta semana que concluyó, un general bolivariano, de esos que el honor ni se le divisa, en un acto cruel, empleó a sus subalternos para acorralar a un grupo de diputados opositores y luego los abandonó en manos de unas hordas para que los lincharan, lo cual demuestra que una meretriz tiene más compromiso ético que este correveidile revolucionario.

Y por si fuese poco hay un capitán que usufructúa el teatro de la Academia Militar para emitir un show televisivo en el “invita” a los militares y los mezcla con colectivos armados. Los que asisten “voluntariamente” les pasa lista para saber sí están todos los que son y sí son todos los que están. Lo penoso es que cuando nombra a alguien se activan unos resortes marca ACME, similares a los que usa el Coyote para capturar al Correcaminos, que los hace brincar y rebajarse cual cortesanos.

Dice Mario Vargas Llosa, y no tengo porque no creerle a un Nobel, que basado en una historia de la vida real escribió “Pantaleón y las visitadoras” en donde mostró que los militares son capaces de implicar a un subalterno en misiones poco éticas en nombre de la patria. Lo malo, cuando algo así sucede, es que hay muchas víctimas que terminan destrozadas, encarceladas y torturadas, mientras el país se convierte en el lupanar de los soles.

Llueve… pero escampa

Miguel Yilales

21 Artículos