Opinión
Llueve… pero escampa: Entre la sumisión y la libertad
Opinión

Por Miguel Yilales

@yilales

Pareciera que el gran drama de la oposición es que piensa que en el tablero de ajedrez solo hay un jugador, por eso se muestra tan torpe y predecible para mover sus piezas y se equivoca al jugar sus peones, alfiles, caballos, torres, la reina y el rey. Sus respuestas son inoportunas, fuera de tiempo y siempre alertan al contrario (inexistente) de cómo va la jugada.

Recuerdo que tuve un jefe que siempre me exigía que viera la película y solo lo entendí cuando me tocó asumir las riendas de la jefatura. Ver la película no era más que revisar todos los pasos que se iban a ejecutar, encontrar los nudos gordianos y prever planes alternos para cuando se trancara el serrucho. “Muy simple y fácil para no fracasar en cualquier circunstancia” remataba en su conseja.

Pero a la oposición, esa que dice adversar a esta cofradía de malhechores que se autoproclamó como el Socialismo del Siglo XXI, le cuesta tener algo de malicia y prever lo que está de anteojitos. Pasan semanas, días, horas, minutos y segundos enteros develando los siniestros planes del gobierno y al momento que ocurre lo que ya estaba cantado, son lentos para reaccionar, rebelarse, protestar y mandarlos al carajo.

En el país no se puede seguir con políticos improvisados, esos que no entienden que hasta los más mínimos detalles se planifican, que se rodean de asesores pero para hacer lo que le venga en ganas y no lo que les recomiendan o que se creen el centro del universo porque circunstancialmente ocupan posiciones de poder. En nuestro caso lo que sobran son dirigentes y escasean los líderes.

No eran pendejos

Dicen que la función de todo preso es lograr su libertad pero, agrego yo, con dignidad. Sin ánimo de hacer comparaciones, porque los personajes distan radicalmente, cuesta imaginar a Nelson Mandela con un cuchillo entre manos para clavarle una puñalada trapera a los movimientos que desde la calle aupaban la lucha contra el Apartheid o a Martin Luther King, Jr en pleno boicot del transporte en Montgomery, sentado con el gobernador de Alabama transándose con un acuerdo que criticara a Rosa Parks.

Cuando un actor político, que presuntamente se encuentra en el exilio por ser un perseguido, se regresa al país para entregarse a las garras de los esbirros del régimen y ponerse en manos de una justicia amañada (lo cual no es justicia), en seguida se encienden las alarmas de que algo no está bien y sí luego de meses ese mismo sistema, que encarcela inocentes, condena sin pruebas y convierte a ciudadanos en parias, le da una medida sustitutiva luego de que su esposa firma un documento en el que asegura violará la constitución, porque así lo ordenó el fantoche que dirige los destinos del país, se corrobora cualquier sospecha anterior de que algo huele mal. De verdad que me cuesta imaginar que a Betancourt, a Leoni o a Villalba, que no eran pendejos, les hubiese pasado por la cabeza entregarse a las fauces de Pedro Estrada para seguir la lucha desde la cárcel de la Seguridad Nacional.

Estamos en una encrucijada en la que hay que decidir entre seguir el camino confortable de la sumisión o armarnos de valor para tomar la senda empedrada, esa que tiene socavones, la que está llena de obstáculos y trampas que nos conduzca a la libertad. Entre 2002 y 2014 hemos tenido varias oportunidades para salir de esta pesadilla pero intereses mezquinos y cálculos políticos atornillaron en el poder a quienes no querían dejarlo.

Llueve… pero escampa

Miguel Yilales

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