Opinión
Llueve… pero escampa: No hay costura para tanto descosido
Opinión

Por Miguel Yilales

@yilales

Hace mucho, mucho, pero mucho tiempo atrás a un reyezuelo se le ocurrió que, mientras convertía a pasos agigantados a una exrepública en su hacienda particular, pondría a sus conmilitones a administrar los sistemas de producción y distribución de alimentos, la construcción de viviendas, el asfaltado de las calles y en cuanta cosa se le ocurriese para hacerlos parecer imprescindibles, aunque en realidad demostrasen cuan prescindibles eran en su oficio.

Desconozco sí en más de 5 mil años a alguien, en su sano juicio, se le había ocurrido que los militares podían servir para otra cosa que no fuese matar y destruir, pero el tirano, que mandaba en el feudo como su propio patio bananero, creó un plan en el que ellos cambiaban el fusil por el arado, la pistola por el azadón, el tanque por una vendimia de verduras y la disciplina por el conteo de pollos.

De ese desquiciado y desequilibrado proyecto no quedó nada bueno: lo que eran tierras productivas son un desierto; lo que era un país que no sufría desabastecimiento, hoy coquetea con la hambruna de una postguerra; la nación en la que todos eran generosos para convidar a la mesa ahora solo pueden compartir la desesperanza de la espera de horas y horas para comprar una hogaza de pan y de donde surgieron mentes brillantes como las de Humberto Fernández y su bisturí de diamantes, Jacinto Convitt y la lucha contra la lepra o virtuosos como Jesús Soto y Cruz Diez con sus movimientos artísticos tiene a niños que abandonan las escuelas porque deben hurgar los basureros para no sufrir borborigmos y poder dormir.

En crisis por irresponsables

Uno hubiese aspirado que, luego de ver tan nefastos resultados y tras el deceso del locatario de la hacienda, a quien le tocase heredarla, se le ocurrirían seguir caminos distintos que le permitieran revertir el desastre y desandar los pasos mal dados, pero nos cayó un cateto sin ideas, que en lugar de rectificar, radicalizó y profundizó los errores, que reforzó el círculo vicioso y agravó la crisis, se empeñó en seguir los pasos de su predecesor y continuó el fracasado modelo de controles y restricciones a las libertades.

El mundo entero da cuenta del brete humanitario que vivimos. No solo es Luis Almagro con su informe activador de la Carta Interamericana, es Ban Ki-moon quien desde las Naciones Unidas alerta sobre la tragedia que padecemos, es el Vaticano quien muestra profunda preocupación por la desventura de este apocalíptico socialismo boliburgués, son los países del Mercosur que se niegan a que, quien no puede con su propio país, presida el organismo y ahora son 15 países del continente quienes presionan para que Ña Tiby y su merced Nicolás dejen de apagar fuego con gasolina.

Solo falta que los venezolanos cansados de los abusos, obstinados de las arbitrariedades, indignados por tanto robos, iracundos de ver como destruyen al país y arrepentidos por haber permitido que unos delincuentes llegaran al poder, salgamos a decirle por todas las vías (incluye el electoral) que desconocemos a quien no pueda demostrar su origen, que no queremos estar dirigidos por quien tiene familiares imputados por nexos con el narcotráfico, que deploramos a unos golpistas que solo se han enriquecido a costillas de la sociedad y que aspiramos la repatriación de los capitales birlados por la plaga más corrupta que ha pisado esta tierra, porque en el país no hay costura para tanto descosido.

Llueve… pero escampa

Miguel Yilales

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