Opinión
Llueve… pero escampa: Venezuela libre
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Por Miguel Yilales

@yilales

Dicen que cuando los estadounidenses y los españoles se enfrentaron por la independencia de Cuba, un grupo de soldados se reunió en un bar y brindaron con una mezcla de ron Bacardí, refresco de cola y jugo de limón por una Cuba libre. Desde esa época hasta nuestros días ha pasado más de un siglo, Cuba volvió a ser esclavizada por unos sátrapas y aunque la bebida ha sufrido algunas modificaciones, en esencia, sus ingredientes básicos se han mantenido.

Pero no crean que ahora mis escritos dejaran de lado la política para dedicarme a las bebidas espirituosas, que las disfruto, sino porque he de reconocer que así como una guerra dio paso a un inigualable cóctel, en el futuro se escribirán muchas líneas, se contarán verdaderas historias y se inventarán cosas (más allá que un cóctel) para rememorar la valiente, difícil y ardua lucha que hemos dado los venezolanos contra el más oprobioso y dictatorial régimen.

Sí el 19 de abril de 1810, el 5 de julio de 1811, el 24 de junio de 1821 y el 23 de enero de 1958 marcaron hitos en nuestra vida republicana, el 16 de julio de 2017 será una fecha que incorporaremos en el imaginario popular porque significará el desmontaje de unos mitos políticos, unas ficciones electorales y la caída de las caretas de muchos autócratas, unos cuantos pseudodemocratas y demasiados farsantes politiqueros que siempre se ampararon en el voto mientras les fue útil.

El Grinch del voto

El gobierno de Nicolás Maduro, sus serviles órganos de justicia y sus prostituidos organizadores de festines electorales se dieron a la tarea durante más de 2 años (desde el mismo día que perdieron por paliza la elección para la Asamblea Nacional) de evitar a toda costa un proceso electoral libre, directo, secreto y universal en la que se pudiese desnudar la pérdida del apoyo de la mayoría y el despilfarro de un valioso capital político.

Por eso se dieron a la tarea de alegar que no era que la oposición ganó la elección parlamentaria sino que sus seguidores se habían abstenido (argumentó que era repetido por algunos encuestológos para justificar  sus errores muéstrales y como no pegan ni el sexo de un bebé a pesar de que existen solo 2 opciones y ecosonogramas que despejan cualquier duda), luego vinieron las trabas, revisión de firmas, controles, impugnaciones sobrevenidas, decisiones judiciales para que el Referendo Revocatorio perdiera su efectividad, pospusieron las elecciones a gobernadores que debían realizarse en diciembre de 2016 porque según ellos mismos no se podía organizar el revocatorio y las elecciones locales simultáneamente (con lo cual aceptaban lo que es un secreto a voces: que son unos incapaces que no pueden comer chicle y caminar a la vez) y finalmente se inventaron una renovación de partidos, que pospusiera aún más cualquier consulta porque, en su sapienza de burdel político, nadie lograría las metas ante tanto obstáculo inventado.

De ahí es que, ante el clamor porque nos contásemos, a los ventrílocuos que manejan al Grinch electoral de Nicolás Maduro les dio por inventar una elección por sectores ante el terror que les da ese disparate pequeño burgués que es la universalidad del voto, en que cada hombre no fuese un voto y donde los incapaces candidatos fuesen promocionados por un número a falta de ideas propias, mediana cultura y algún vestigio de liderazgo.

La Barquereña y El Miedo

Frente al pretendido secuestro de la democracia por parte del régimen, la eliminación de la separación de poderes y la elección como sus más elementales formas y ante la ilegalidad de lo que pretendían obligó a que los verdaderos demócratas gestionasen un proceso en que no hiciese falta el ministerio electoral de Tibisay Lucena, los inútiles que obedecen a los serviles Vladimir Padrino y Remigio Ceballos, las automatizadas máquinas fraudulentas del perverso psiquiatra y los operativos de los canales de televisión que servían para hacernos creer que estaban comprometidos con el país.

Los ciudadanos organizamos desde el voto hasta la totalización, pasando por la logística, el proceso, el escrutinio, la custodia y la cobertura a través de medios alternativos, lo que constituye en el mayor triunfo de la civilidad sobre la barbarie desde que la Barquereña y el Miedo pasaron a ser Altamira. El país que nació este 16 de julio, ese que no le para a las amenazas del obeso bravucón que regenta en Miraflores, gritó a pleno pulmón que desea ser y será una ¡Venezuela libre!

Llueve… pero escampa

Miguel Yilales

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