Opinión
Lo que no perdono
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No perdono la división del pueblo venezolano y el odio y los resentimientos sembrados a lo largo y ancho del país. No perdono los programas de ideologización. No perdono que enseñen a los niños a manipular armas. No perdono la apología del malandro, auspiciada desde el alto gobierno.

No perdono la instauración del culto a una personalidad y las manipulaciones, mentiras e hipocresías emanadas de ella. No perdono el uso de las esperanzas y las ilusiones de los venezolanos más pobres. No perdono que millones de venezolanos hayan vuelto a niveles de pobreza de hace décadas, después de haber recibido los ingresos petroleros más altos de la historia y por más largo tiempo.

No perdono que se haya rechazado la ayuda de Estados Unidos cuando la tragedia de Vargas. No perdono que haya habido niños en esa tragedia que fueron entregados al gobierno para su rescate y que no aparecieron nunca. No perdono las decisiones unilaterales de entonces, que dañaron a tanta gente. No perdono los negocios que se tejieron alrededor del sufrimiento y la muerte de tantos inocentes.

No perdono las miles de hora de cadenas de radio y TV, un abuso de poder y una afrenta contra nuestra libertad. No perdono las fanfarronerías, los insultos, las falacias y la sarta de estupideces que allí se han dicho. No perdono la censura a los medios de comunicación. No perdono el ahorcamiento a medios impresos con la hegemonía del papel. No perdono que hayan cerrado Radio Caracas Televisión.

No perdono la politización de las Fuerzas Armadas ni a los militares que han deshonrado al país. No perdono la entrega del país a Cuba y que lo hayan permitido. No perdono a los que se arrodillaron ante Chávez y a los que se han arrodillado frente a Fidel y a Raúl Castro. No perdono la doble moral de acusar a la oposición de “responder a intereses del imperio”, cuando el gobierno no mueve un dedo sin consultar a Cuba. No, no perdono esa entrega de nuestra soberanía. No perdono los asesinatos de abril de 2011 y de febrero de 2014.

No perdono el saqueo del Tesoro Nacional. No perdono los negocios turbios de boliburgueses, bolichicos y toda esa fauna de corruptos. No perdono a los testaferros y cómplices. No perdono a los jueces, fiscales, rectores, contralores y defensores que responden a una parcialidad política y no al pueblo. No perdono a los “abogados” que “interpretan” la Constitución para beneficio del poder. No perdono la escalada de inseguridad y el reparto indiscriminado de armas. No perdono que haya presos políticos.

No perdono que hayan desvalorizado el trabajo. No perdono que en vez de crear oportunidades y fuentes de trabajo hayan repartido migajas, paños calientes que no resuelven lo que con tantísimo dinero se ha podido resolver. No perdono que hayan acabado con la majestad del magisterio. No perdono que hayan destrozado la educación y que nos digan que nunca hubo tantos institutos educativos en el país, como si la infraestructura educara.

No perdono el control de cambio por tan largo periodo y la inamovilidad laboral que tanto daño ha hecho. No perdono la promoción de la vagancia. No perdono la destrucción de la industria, el agro y el comercio nacionales. No perdono la escasez de alimentos. No perdono la escasez de medicinas, los miles de muertos por esta causa y que no se haya declarado la emergencia en salud. No perdono la ineptitud y la mediocridad que nos han llevado a la ranchización del país.

Pero lo que menos perdono es que hayan destruido Venezuela y se ufanen de ello como si fuera un logro.

@cjaimesb

Carolina Jaimes

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