Opinión
Los enemigos: abstención, arrebato, populismo
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“Que barato es construir castillos en el aire y que caro es destruirlos”. Francois Mauriac. 

Las generaciones que actúan en la política de hoy podrán dirigir el país una vez que termine de liquidarse el sueño revolucionario, o ver otros hacerlo. Podrán ser una nota al pie de página en este desastre de 25 años o un capítulo fundamental, así como sus predecesores se registraron en los anales como los que fueron incapaces, una vez muertos Betancourt, Barrios, Villalba, Prieto, de conservar el precioso legado de “los viejos”. Con tristeza se comprobó que una vez muerto Gonzalo Barrios que ponía una enorme cuota de sensatez, el sistema político se dedicó a autodevorarse. Por desgracia parte de ese liderazgo nuevo demuestra que no entiende las reglas básicas de la lucha por el poder y sucumbe a la tentación cinematográfica, sin darse cuenta de la perversidad extrema del gobierno. Algunos parecen preferir cualquier cosa, incluso el fracaso, con tal que los partidos “no lleguen”, con la esperanza de que todos iguales y débiles, de repente alguien los llame a gobernar.

 

La decisión populista de hacer la tarjeta única, creó la ilusión de que todos son iguales, aunque unos tienen votos y otros no. Eso explica algunos comportamientos que por irracionales parecen incomprensibles. Los errores cometidos en el último año fomentan la abstención, que en Venezuela de hoy es un problema grave para quienes pretenden recuperar la democracia.  En las democracias desarrolladas y tranquilas existe una relación directamente proporcional entre estabilidad política, por un lado, y abstención por otro. Los ciudadanos votan poco, sobre todo en elecciones locales. Piensan que el sistema funciona, más allá de su antipatía a los políticos, y prefieren ocuparse de sus propios asuntos. La ciudadanía  es feliz cuando florece el populismo, como en Grecia, España o Venezuela. Y los líderes también contentos, porque el populismo les da la ilusión de ser amados.

 

La tragedia griega populista 

 

La tragedia griega actual corre por estos rieles. El gobierno irresponsable de los socialistas del Pasok y otras fuerzas creó una especie de festín con recursos de la Unión Europea ante el aplauso de la ciudadanía. Había 50 choferes por cada automóvil oficial, y 4 o 5 pensiones por familia. 40 mil mujeres jóvenes reciben 1.000 euros por ser solteras. 2.000 griegos “están empleados” en proteger un lago que se secó hace 80 años. Un millón de empleados públicos sirven a 4 millones de personas económicamente activas. Una vez que se acaba el financiamiento y el carnaval, la ciudadanía vuelve a votar por otro irresponsable peor, Alexis Tsipras, líder del partido  Tzyrisa, con lo que la crisis amenaza con profundizarse, que se voltea contra Angela Merkel porque se opone a seguir financiado gobiernos griegos carentes de vergüenza y dignidad.

 

En las democracias en crisis, durante emergencias totalitarias, la participación electoral suele crecer, ya que la ciudadanía siente que se juega el todo por el todo. Están acompañadas de crispación política, dramatismo, y épica. La especialísima significación de Obama en la historia norteamericana incrementó la participación, porque representaba un momento climático para el sistema.  Si observamos la abstención en las elecciones regionales del 16 de diciembre de 2012 en su contexto, premeditadamente a dos meses de la derrota presidencial del 7 de octubre y pocos días de la Navidad, que ocasionó profunda decepción, resulta más bien relativamente limitada (46%) y menor que la media histórica en elecciones locales venezolanas (48%). Pero no vale el populismo sentimental, exculpar a la gente de elegir a Hitler o no votar, como si fueran seres carentes de moralidad y voluntad, niños manipulables sin limitaciones.

 

Pagamos lo que hacemos y lo que dejamos de hacer

 

Casi la mitad de los ciudadanos no consideró importante votar y parece no importarle mucho el destino del país. Una ciudadanía harta en su conjunto de conflictos políticos y golpeada por la derrota, tiende a regresar a su refugio, la vida privada. Por fortuna no se materializó el plan del gobierno: decapitar la oposición derrotando a Capriles en Miranda y reducirla electoralmente a 20%. Se mantiene la misma relación, 55% a 45%. Luego en las elecciones presidenciales de 2013, la proporción se hace pareja 50.7% a 49.3 %. Pero si hay desinterés en una gran parte de la gente por votar otra cosa es la  irresponsabilidad de un grupo importante de ciudadanos ilustrados, aficionados pero ciegos para la política, que se dedican a propalar  majaderías como “el fraude electrónico”, “el voto manual”, canalladas como “la negociación de la MUD con el gobierno”, que “no se contabilizaron miles de actas”, en síntesis, el fraude y luego la versión “ingeniosa”, el fraude continuado.

 

Paparruchas que sólo conducen a la parálisis y a crear desconfianza en el único instrumento con que se cuenta: el voto.  Al menos 5% de  internautas de clase media dejaron de votar en 2013, que de hacerlo hubieran puesto las cosas en otro plano. La alternativa democrática deberá atornillarse a profundizar la Unidad y corregir errores. Y la ciudadanía, contribuir en ese propósito, votar y defender el voto. Los partidos ciertamente deberían reflexionar, no sobre falsos temas, sino sobre verdaderos, como ganar en los estados pequeños y en los municipios rurales.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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