Opinión
Los límites de la paciencia del venezolano
Opinión

El desastroso equipo que hoy desgobierna a Venezuela, está jugando al no hacer absolutamente nada para solventar los terribles efectos que la situación económica tiene sobre el conjunto de los ciudadanos, a promover un estado de incertidumbre, desasosiego, desesperación y hastió que derive como ya ha sucedido –por fortuna localizadamente – hacia situaciones de violencia y anarquía que nadie en su sano juicio puede querer para Venezuela.
El agravamiento diario del desabastecimiento, el racionamiento de productos, la inflación desbocada, la especulación, el acaparamiento y el bachaqueo actúan como auténticas “bombas de tiempo “en la conducta de los ciudadanos. Pasar largas horas a las puertas de un comercio para al final no encontrar lo que se demanda o recibir una mezquina ración, tiene que terminar por rebasar la paciencia de cualquier ser humano. Regresar a casa sin la leche de los niños pequeños, sin pañales, o sin algún alimento que permita calmar el hambre de la familia tiene que derivar hacia situaciones de rabia y desesperación de consecuencias impredecible.
Quizás un pueblo pueda resistir sacrificios, privaciones o sufrimientos por un lapso determinado o por razones de emergencia. Si los venezolanos tuvieran la percepción o convicción de que la calamidad que hoy se vive fuera a cesar o mejorar en el corto plazo, sería capaces de apelar a sus reservas de paciencia. Pero el común de la gente –opositores u oficialistas – tienen la certeza de que al gobierno no tomar medidas e iniciativas para enfrentar la grave situación que se vive, está condenándolos a prolongar el sufrimiento y a vivir cada día peor.
Es tanta la gravedad de la situación, que desde las propias filas de los seguidores del gobierno, se alzan voces para señalar lo insoportable de la crisis económica y sugerir iniciativas como la sinceracion y unificación cambiaria, la reestructuración de la deuda, y las medidas que permitan enfrentar la emergencia social. El gobierno desoye todo tipo de sugerencias y recomendaciones, y solo pretende exacerbar la paciencia de la gente repitiendo fantasmagóricas versiones que pretenden atribuir el desastre económico a enemigos imaginarios como el imperialismo, los pelucones, la derecha fascista o la guerra económica.
Ya en San Félix, La goajira, zonas de Caracas, Carabobo y Apure, se han presentado auténticos motines populares, cuando los desesperados consumidores luego de sufrir colas de hasta 14 horas, se encuentran con establecimientos vacíos o con míseros suministro de productos. Sería bueno que Nicolás Maduro, Diosdado Cabello o Adán Chávez, para nombrar solo tres capitostes de la cúpula podrida gobernante, descendieran desde su olimpo de privilegios y ventajas de poder, y por una sola vez se incorporaran a una de estas cada vez más kilométricas colas que se forman a las puertas de los supermercados de las redes públicas y privadas, para que entonces entendieran que no es la “derecha fascista “ ni “los pelucones “, sino el hambre y el desespero los que están induciendo las acciones incontroladas de la gente.
A ratos, muchos critican la pasividad y paciencia con la que el pueblo venezolano ha soportado más de dos años de racionamiento, carencias y privaciones, y como acepta resignadamente someterse a distintas formas de discriminación, racionamiento y ninguneo, incluyendo las compras por terminal de cedulas, las capta huellas, y el suministro insuficiente de productos de consumo diario. La explicación es clara la gente en Venezuela tiene vocación de paz, de convivencia, es ajena a la anarquía o la violencia, porque estas lejos de resolver situaciones generalmente las agravan, pero todo tiene un límite, y el hambre agravada día a día es el peor detonante de una situación incontrolada, que puede derivar como ya se ha presentado en algunos sitios del país en violencia con su saldo trágico en términos de víctimas y perdidas materiales.
El gobierno al no hacer nada para solventar la gravísima situación que hoy acogota a todos los venezolanos, actúa como el primer instigador de todas esas situaciones desafortunadas hacia donde puede desencausarse los padecimientos y la desesperación de los ciudadanos. Al desoír los clamores, las demandas y los consejos de sus propios compañeros de partidos, que le urgen a tomar medidas para aliviar la situación de la gente, este gobierno, quizás como caso único en la historia de la humanidad, se convierte en factor deliberado de desestabilización y desasosiego, con toda la gravedad de sus consecuencias para la paz y la convivencia entre los venezolanos.

Rafael Simon Jimenez

Ex parlamentario e historiador
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