Opinión
Los Miserables
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No, no me refiero a la grandiosa obra de Víctor Hugo, que diserta sobre el bien, el mal, la ley, la ética y la justicia en una Francia harapienta, lúgubre, maloliente y de hambruna, cuya revolución cien años atrás le legó esa suerte. Como se sabe, a su principal personaje, Jean Valjean lo encarcelaron por robar un pan para su familia y le dieron una trágica sentencia, cinco años llevados a  diecinueve por intentos de fuga de una prisión donde sufrió vejámenes insoportables. Una vez fugado, volvió a robar pero esta vez una vajilla de plata al obispo Bienvenue Myriel quien le dio abrigo y comida luego de ser un rechazado, pero el clérigo, cuando lo atrapó la policía, dijo que  se la había “regalado”, completando el juego con dos candelabros que “olvidó”. Myriel pidió al ladrón que se convirtiera en hombre de bien y redimiera sus pecados ante Dios. Tampoco se trata de su obcecado perseguidor y carcelero, el inspector Javert, ni de como, haciéndose pasar por muerto entre los muertos de la cárcel  de Toulon durante días, escapa nuevamente en busca de Cosette la hija de una enferma fallecida Fantine, a quien juro criar y … bueno todos sabemos como termina la novela.

 

Francia siempre Francia

A una pescadera de la orillas del Sena por diestra con los cuchillos la contrataron para la  cocina del palacio de Versalles en junio de 1789. Allí vio por primera vez  en su vida asombrada, toneladas de comida fresca, pescados, carnes de cacería, aves, vegetales, frutas y panes almacenados en las bodegas para las seguidas celebraciones de los reyes. Mientras en París la insoportable hambruna – dicen los expertos que era el Niño de la época – había acabado con la pesca y la siembra durante cinco años seguidos y la caza era solo para la nobleza. Al salir del palacio vio como arrojaban abundantes restos a medio comer a los perros de María Antonieta. Fue ella al día siguiente, quien al ver morir a su sobrino de hambre y a bebés recién nacidos a las orillas del río parisino decidió ponerse al frente de una protesta de madres desesperadas  y gritarles “yo sé donde hay pan”,  y marcharon enardecidas al palacio, seguidas de sus esposos que terminaban de saquear las armas del cuartel de Les Invalides, acompañados por el pueblo. Eso fue el proceso revolucionario. Luego vendría  el invento del Dr. Guillotine que probaron con el Rey Louis XVI, María Antonieta, Danton, Marat, Desmoulins, Fabre, Philippeaux, Lacroix, Mirabeau, Camile y  Robespierre y  más de diez mil decapitados del Terror. Por cierto este ultimo dijo al comité antes de ordenar el acero afilado a sus antes aliados,  que si el pueblo perdía fe en la revolución tendrían que gobernar con el terror. Y así fue.

 

La verdad duele

En realidad de lo que se trata es que los venezolanos finalmente sepamos quienes  saquearon las reservas internacionales, depreciaron nuestra moneda para hacernos miserables, nos  estafaron  con un proyecto de salvación nacional para convertirnos en mendigos del Estado, acabaron con la producción nacional para utilizar la importación como turbio negocio y el hambre como control político, Los miserables son los que vendieron los secretos de la nación a otros países, violan Derechos Humanos  y libertades y terminaron con la democracia, la mejor época de progreso de toda nuestra historia. Son esos enriquecidos señores feudales que nos abandonaron en plena Edad Media, sin luz, ni comida, ni medicinas, empleo ni seguridad. Saldremos de la pesadilla para que más nunca se repita.

El hombre tiene los derechos que puede defender dijo Philippeaux al temeroso Desmoulins, entre ellos la vida, antes de ir al cadalso. También dijo Danton al finalizar su juicio  al comité que el mismo creo y sentencio a la guillotina, que el único enemigo del pueblo era el gobierno revolucionario. Eso fue un 5 Abril de hace apenas 222 años. Concluyan ustedes.

@mcarrillodeleon

Manuel Carrillo De León

Venezolano observador.
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