Opinión
Melifluo
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Así como los personajes de Pirandello deambulan en búsqueda de un autor que ofrezca sentido a sus existencias, también algunas palabras tienen trayectorias vacilantes mientras encuentran su exacto significado. Por ejemplo, la palabra melifluo terminó su vagancia melancólica cuando se encontró con Herman Escarrá; allí, en ese encuentro, alcanzó plenitud semántica.

En noviembre de 2007 el Dr. Escarrá convocó una Marcha sin Retorno a Miraflores para impedir la celebración del referendo de reforma constitucional. El atildado jurista invocaba el 350 y, sin corbata ni flux negro ¡válgame Dios!, en la calle llamaba a la abstención.

Más adelante este pintoresco personaje (picaresco es otra palabra que se realiza plenamente en él) cambia de estrategia. Quizás recordando que La Pasionaria, rodilla en tierra, no pudo impedir que la falange pasara; decidió reptar, barriga en tierra, para continuar su avance hacia Miraflores.

Finalmente, y hay que reconocer su tenacidad, la pasada semana culminó su Marcha sin Retorno al Palacio de Misia Jacinta. Allí defendió la creación de un Parlamento Comunal Nacional que no está previsto en la Ley y que además contraría la esencia misma de un parlamento comunal en tanto que espacio para el ejercicio de la democracia participativa.

No obstante la pompa y circunstancia de la obesa voz doctoral, y para tranquilidad de quienes temen un bypass institucional al estilo de los protectorados, les informo que ese parlamento, sin representatividad ni legitimidad, funcionará como una suerte de inocuo club de corazones solitarios de un moribundo proceso.

Feliz en su condición de oráculo jurídico de lo que queda del proyecto bolivariano, esta semana disertó en Fuerte Tiuna. Los militares, desmarcándose del gobierno, destacaron en la nota de prensa del Ministerio de la Defensa, al Pacto de Estado como salida a la crisis. Ojalá sea posible, a pesar del proponente.

Manuel Narvaez

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