Opinión
¿Milagro o estrategia?, por Simón García
Opinión

Cuando racionalmente no se ven las rutas para resolver el problema del poder, es explicable que haya sectores que abandonen toda reflexión y se sumen a cualquier acto mágico que prometa cumplir las apremiantes motivaciones de cambio. Este regreso a la mitología, que es la forma opuesta de otra manera de desaparición de la política como la guerra, es un indicador de alguna falla en la política alternativa.

En momentos de incertidumbre y confusión, estados de ánimo frecuentes en situaciones de crisis general, surge la salida fácil del culto al héroe. Ahora por partida doble, el piloto y el Capitán, comienzan a encender la adoración y a repetir una épica sobre unas paradas que presentan como superior el lance militar sobre la auténtica gesta, heroica y civilista, que han protagonizado millones de venezolanos.

La condición de ciudadanos es incompatible con la creencia en caudillos, redentores y salvadores, sean militares o civiles. Y menos cuando los prospectos de superlíderes se usan para sustituir a una colectividad organizada. Es improcedente encumbrarlos sobre los venezolanos que por más de cuatro meses se han movilizado políticamente o equipararlos con quienes dedican su vida a la política y al esfuerzo cotidiano de construir partidos como herramientas para expresar intereses de país y formular programas sobre la sociedad deseable.

La MUD, con sus aciertos y tropiezos, ha emergido como centro orientador de la rebeldía cívica, con ideas y valores, confrontándose en primera línea en la calle, sometiéndose al escrutinio público y coordinando la acción de miles de dirigentes que han crecido en medio de una lucha desigual frente a la barbarie autocrática y la represión.

Lo extraordinario es que una dirección política surgida de un conjunto de partidos relativamente débiles, haya podido encausar una protesta que durante más de cuatro meses fue deslegitimando a una cúpula gubernamental, aislándola internacionalmente y desnudando a una dictadura destinada a  proteger actividades delictivas perseguidas en todo el mundo. Inversión a  mediano plazo.

La fraudulenta Constituyente tiene como finalidad destruir toda la institucionalidad establecida en la Constitución vigente y crear una normativa para atornillar en el poder a la actual cúpula, someter a su control a toda la sociedad e imponernos un Estado comunista cuyo modelo es Cuba.

Los hechos han devuelto a la oposición al mundo real. La idea del todo o nada, del no retorno, de la calle como lucha absoluta y la promesa de que a trancas y embestidas ilógicas contra un muro policial se iba a impedir la instalación de la fraudulenta Asamblea Constituyente fracasó. Quienes las sostuvieron, a veces a empujones, le deben una reflexión al país, antes de  intentar recuperar la movilización contra la dictadura desde una inédita participación electoral.

Fue una equivocación tomar un día como la batalla decisiva y prometer un acto final sin acumular los logros parciales, las alianzas, las ofertas y las fuerzas con capacidad para realizarlo. Eso es sustituir la estrategia por el milagro.

@garciasim

Sofia Torres

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