Opinión
Negociación, elecciones y costos.
Opinión

En el campo de la oposición y del gobierno hay rechazos internos a una negociación, Su objetivo es realizar una transferencia del poder en las condiciones más ventajosas para el país y con determinadas concesiones a quienes, obligados por la presión internacional, aceptarán competir en unas elecciones y respetar sus resultados.
La negociación es un camino tenso, conflictivo e irregular. Supone que cada parte actuará para obtener los mayores logros con los menores costos, aunque ambas opten por resolver con votos lo que no les conviene intentar solucionar con otras armas.
En este lado el proceso tiene varios obstáculos. El primero es que desecha las ideas de conquistar todas las demandas de una sola vez, esperar una explosión social o apostar por una incierta acción militar. El segundo es que hay que pagar un precio, ahorrando mayores costos sociales y muertos, que no es fácil determinar y aceptar.
Hay que contrastar lo que se obtiene en rescate de la democracia y de la Constitución, frente a la perspectiva de consolidación de una dictadura. Y si el balance es positivo para iniciar la superación de las crisis, la estabilidad del país sobre bases democráticas y la consecución de un nuevo gobierno, entonces el deber de partidos y dirigentes es promover claramente la negociación como una de sus luchas y dedicarse a vencer todas las maniobras, provocaciones y descalificaciones de quienes la descartan por intereses y juegos particulares.
Pero no hay que olvidar que la negociación es un medio para encontrar soluciones dentro de una estrategia de lucha en varios otros tableros. No puede ser una renuncia a los objetivos de cambio del país, sino evidenciar que es realmente la opción preferible para lograrlo, entre todos los otros desenlaces probables.
El punto fuerte de la actual negociación es la realización incompleta de las elecciones regionales como resultado de la capacidad de movilización interna mostrada por la oposición y la determinación de los actores internacionales de no permitir la instauración de una dictadura en Venezuela. La oposición debe ganarlas y demostrar, frente a todos las jugadas oficialistas para sabotearlas, que la democracia es una causa nacional imposible de doblegar.
Un triunfo contundente aumentará la presión para que el actual poder acepte anticipar la elección presidencial y admita sus resultados. Pero la MUD debe explicarle a toda la población lo que el país ganará con una transición acordada y convencerlo de lo que está dispuesto a ceder en aras de ponerle fin a la tragedia que vivimos.
Callar es dejar que el pensamiento extremista de lado y lado, maniobre para sabotear las elecciones. Es intentar evadir que el país se pronuncie, con opinión y hechos, sobre dos preguntas de fondo: ¿Cómo salir en el menor tiempo de esta tragedia?, ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por volver a vivir en democracia?
@garciasim

Simon Garcia

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