Opinión
NI UN MUERTO MÁS, NICOLÁS
Opinión

Por: Román Ibarra

@romanibarra

Para: Diario 2001

La ristra de muertos inocentes producida por la criminal dictadura de Nicolás Maduro, es la más aborrecible acción de un sujeto sin escrúpulos como él, acompañado por una horda de delincuentes paramilitares, y las fuerzas represivas del régimen, como son, la Guardia Nazi (onal), y la Policía Nazi (onal) Bolivariana, ambos mantenidos con recursos de todos los venezolanos.

Esta crueldad, nunca vista en Venezuela, sólo es posible por la insensatez de un régimen corrupto, que no renuncia a seguir saqueando al país poniéndolo al servicio de otra dictadura, la cubana, que ha hecho de Maduro, su esclavo.

Lástima que no lo esclavice solo a él, si es su deseo; lo malo y pernicioso es que se haya prestado por su obsecuencia miserable, a que unos desalmados como los del gobierno cubano  colonicen, y humillen al pueblo del Libertador Simón Bolívar.

En su afán de servirle a sus amos cubanos, poco le importa a Maduro si bajos sus órdenes, caen 50, o 1.000 jóvenes inocentes; su gran alegría es prolongar la humillación de nuestros compatriotas a manos de asesinos extranjeros, y en su cinismo sin igual, luego acusa a la oposición de ser la responsable de las muertes. Mayor infamia, imposible!!

Hasta hace poco, creí necesario darle el beneficio de la duda al Ministro Padrino, esperando que en algún momento tendría una reacción coherente frente a tanto desafuero criminal, pero no. Padrino, se ha convertido en el sostén más importante de las tropelías de Maduro, lo cual, lo hace no sólo cómplice sin cortapisas de todos los delitos de corrupción desembozada que ocurren en el régimen, sino en corresponsable del río de sangre perpetrado por uno de los componentes de la Fuerza Armada, que él dirige. No tiene perdón de Dios!

Por ello, en esta hora menguada de nuestro país, pido a Dios nos ilumine para encontrar el mejor camino para todos. Pido que el régimen entre en razón, y ponga el oído en el clamor del pueblo venezolano, y del mundo civilizado que piden en alta voz la realización de elecciones vencidas y por vencerse; la liberación de los presos políticos; la llegada de la ayuda humanitaria ofrecida por el mundo democrático; que se destituya a los ¨magistrados chimbos¨ por golpistas; que se reconozca plenamente a la Asamblea nacional, y si además hubiera un acuerdo para zanjar la crisis de manera total, pues que haya elecciones generales. Todo ello es posible, si nos proponemos la consecución de una mediación internacional creíble, imparcial, y sabia que abra camino a una solución negociada, recordando que en toda negociación política, o económica, siempre habrá mutuas y recíprocas concesiones, y que ello no deslegitima un acuerdo. Desde luego, el punto de partida es el acuerdo ya firmado y violado por Maduro y su gente, toda vez que ello fue una burla grotesca, no sólo contra la oposición, sino contra todo el país, los negociadores, y peor aún, contra el Papa Francisco, quien de buena fe, aceptó la mediación por solicitud de los bandos en conflicto.

En cuanto a la oposición, otra vez, nuestro apoyo, pero también un reclamo cordial para que el liderazgo ejerza de manera clara sus obligaciones, y evite cualquier posible dispersión de esfuerzos, y/o ejecutorias voluntaristas, e innecesarias que le resten brillo a lo que hasta ahora ha sido un ejemplo de conducta cívica, pacífica, y constitucional, tras la búsqueda de los escenarios electorales que permitan la expresión libre de nuestra gente, esto es: Que el Pueblo decida su destino. Ni un muerto más, Nicolás.

Roman Ibarra

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