Opinión
No gana el que saca más sino el que cuenta más votos
Opinión

El 6D tendremos la gran medición. La mayoría de los venezolanos podría dar inicio por medio del voto al reseteo a este largo episodio de fracaso y desmoralización. Edificar esta fuerza ha sido y será difícil. Algunos simplifican al decir que “el país se cansó”, pero ese cansancio se materializa políticamente gracias a la existencia de una alternativa sensata, comprensible, moderada y que por eso se hizo interlocutora del descontento. En años anteriores una oposición abstrusa, poblada de fantasmas intraducibles, antipolítica, radical (el radicalismo es un intento de compensar la falta de inteligencia) daba más miedo que confianza. Esa oposición se hundió por las leyes del darwinismo político. Mientras la mitad de los opositores concurría al proceso electoral para obtener palancas de poder, gobernaciones, alcaldías y parlamentarios, la otra llamaba a la abstención.

 

Gracias a la película de Miller sabemos que el Rey Leónidas decidió detener con 3000 griegos a 250 mil persas, valiéndose de que la vía Termópilas apenas tenía unos metros de ancho entre la montaña y el desfiladero. Para hacer desistir a los griegos, el emisario de Jerjes les dijo que “los persas eran tantos que al lanzar sus flechas, ocultan la luz del sol”. Uno de los valientes griegos, Dienekes, respondió “¡qué bueno… tendremos una batalla a la sombra!”. Las Guerras Médicas las perdió el todopoderoso ejército imperial. Para triunfar en diciembre en Venezuela, es preciso neutralizar los restos de ese abstencionismo-derrotismo instigado por el gobierno  y por los huecos de la manguera, las terceras opciones. Y también a los opositores que le hablan a su propio coleto y profieren amenazas impotentes a diestra y siniestra.

 

Concordia

 

La tesis central es concordia. Una nueva mayoría no usará los tribunales para terrorismo judicial, como hace éste. El gobierno  no querrá aceptar el destino escrito en su frente y deben estar inventando nuevas demencias (¿detener a Lorenzo Mendoza, a Enrique Márquez, a Julio Borges, a Henry Ramos?  Ese es el punto de partida de cualquier análisis, no una conclusión de algún sabio recóndito. Pero el único método es la paciencia, la serenidad, como ha sido hasta ahora, para sortear una crisis política, un choque de trenes. Posiblemente el 6D sea el día más largo y operarán todas las variables políticas existentes para impedir cualquier error fatal que lesione el destino del país. Estarán tranquilos los que despreciaban los “carnavales electorales” -y a los tabarato, conque la intelectualidad caviar escarnecía las clases medias.

 

Todo eso pertenece a la memoria de un país próspero, pacífico, que lejos quedó. Las elecciones no serán un carnaval sino algo muy serio. Ya basta de malentretenidos que anuncian fraude, eco de la campaña del G2 que quiere hacer aparecer al gobierno “invencible”. El resultado no se le deberá al CNE, ni nadie va garantizar lo que no se garantice la alternativa, que está sola en eso y depende de su fuerza propia. Glosando y adecentando a Stalin “no gana el que saca más votos sino el que cuenta más votos”. Mesa en la que no haya testigo no habrá votos. Cada quien debe presentarse en los comandos de campaña para tener una tarea  ese día. Se puede humillar a alguien todo el tiempo y a todos por un momento, pero no a todos todo el tiempo.

 

La ira democrática

 

El resultado se hará valer y la alternativa democrática deberá lograr que el costo de desconocerlo sea tan alto que nadie se atreva. La Biblia habla del día de la ira en el que el pueblo se levanta contra la opresión. Se levantará con el voto. Será una jornada estelar para los empleados públicos, obligados a marchar y ataviarse con esos ridículos trapos rojos y que les pasan lista en los autobuses para chequearlos. Los militares tendrán dignificar su oficio al hacer cumplir la Constitución. No más supervisión de cubanos. Un gran día en el propio partido de gobierno porque podrá discutir y redefinir qué es lo que quiere para su futuro.

 

También sus bases están hartas de la monstruosa ineptitud  que introdujo al país a un colapso general. Un país petrolero que importa gasolina. Un país gigamillonario donde los pobres viven en ranchos y refugios. El partido hegemónico necesita pasar a ser minoría, en la que tendrán el respeto de las instituciones. Deben participar en un acuerdo nacional de gobernabilidad y reconstrucción. Seguir tantos ejemplos de partidos autoritarios que se transforman y regresan a gobernar democrática y exitosamente, como en España, Chile, Bolivia, Panamá, Perú, Argentina, México y muchos más.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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