Opinión
No son sólo nueve millones… (I) Por Florencia Marcano Salazar.
Opinión

Los países europeos, han vivido, participado, sufrido y se han reconstruido de Guerras mundiales, pero en el caso de América Latina se mantiene y vive en un tipo de guerra distinta, una guerra social sistemática producto de la acumulación y posterior implosión de profundos problemas sociales, que se subestimaron en el tiempo por parte de gobiernos y por todos aquellos organismos con potestad para solucionarlos.

 

En Brasil, le restaron importancia a una banda delictiva autodenominada “El Primer Comando de la Capital”, se transformaron en el peor grupo terrorista de ese país. Pero, el restarle interés a los problemas sociales que están presentes no son únicamente dentro del aspecto de la seguridad ciudadana, se encuentran en todos los elementos de la estructura de una sociedad; mismos elementos que tienden a agruparse en los estratos más bajo y a colocarle la etiqueta de: “Pobreza”.

 

Sin embargo, ¿Cómo podemos definir y subcategorizar a la pobreza?; en recientes sondeos se estima que la pobreza extrema en Venezuela es de poco más de nueve millones de personas. La cifra impacta por sí sola, es una barbaridad, es indignante que en el año 2016 estos números nos muestran un terrible lado de nuestra sociedad, que ha estado presente y que ha aumentado con los años y con la inoperancia, ineficiencia y hasta el desinterés de aquéllos que pudieron evitar que la cifra ascendiera a niveles tan alarmantes.

 

Pero, no son sólo nueve millones de vidas que están dentro de la categoría “pobreza extrema” lo que heredó el gobierno actual, sino que su poca acertada estrategia de desestimar la realidad colocando nombres rimbombantes a “las soluciones” o problemas, señalando culpables que se acomoden a su discurso; ocultando la basura debajo de la alfombra generó que los microorganismos se reprodujeran y mutaran, comiéndose la esencia de toda sociedad (valores y principios naturales), corrompiendo lo que encuentre a su paso, llegando a normalizar lo ilegal y a deshumanizar a sus ciudadanos.

 

En el punto en el que se encuentra Venezuela, podemos formularnos muchas preguntas, muy pocas serán respondidas y estas respuestas están plagadas de retórica partidista y modificación, a conveniencia, de la historia nacional. La gravedad y magnitud real de lo que ocurre en el país parece no percibirse en toda su amplitud. La crisis que dejó de estar entorno a nosotros, para absorber nuestra realidad diaria, nos demuestra que no sólo las personas que están dentro del indicador social que tiene la etiqueta “Pobreza extrema” se encuentran en una situación difícil, somos todos los que aquí vivimos y hacemos vida. La escala de “Calidad de Vida” se mantiene en los rangos negativos y es que pobreza no es únicamente la ausencia de alimentos −que de por sí ya es bastante grave−, sino también la ausencia de oportunidades con las que poder solucionar desde las necesidades hasta los hechos fortuitos que se presenten en la vida, dentro de una estructura social.

 

Cuando son tantos los indicadores negativos, la reacción principal no debe ser señalar culpables y buscar responsables… ésa es la acción primaria, muy diferente. La reacción debe ser solucionar y contrariamente a lo que se cree no depende de una sola acción ni de una sola persona. Si bien, el cambio político se hace necesario ante la evidente incapacidad del Estado para crear, fomentar y aplicar soluciones efectivas, todo cambio político es insuficiente y corre el riesgo de ser efímero sino viene acompañado de un profundo cambio social, de transformación de visiones y depuración de vicios; pues si bien el grupo de medidas adoptadas por el gobierno con el paso de los años que tienen en el mismo, sólo han llevado al desmejoramiento del país, se debe reconocer, con absoluta sinceridad, la responsabilidad  (lamentablemente, es mucha) de los propios ciudadanos de agudizar aún más la, ya de por sí, ardua situación actual.

 

Es difícil tomar uno de los problemas del país sin que éstos se relacionen entre sí, pues dan la impresión de que todos derivan de un mismo origen y en muchos casos parecen convertirse en uno. En el camino por el cambio, donde todos debemos aportar para que sea efectivo, nos encontramos con los que quieren que ocurra pero para su beneficio sin incluir a los otros; los que esperan que el cambio se produzca espontáneamente, por sí sólo, opinión esta que puede ser porque no se comprende lo determinante que es cambiar primero uno mismo o porque se desconoce la posibilidad activa que eso supone y en casos muy específicos los que se encuentran esperando el cambio, y sin embargo se mantienen en total desacuerdo con los demás y con todas las opciones posibles. Esto nos indica que no se trata únicamente de cambiar a…, se trata principalmente de transformar a…

 

Dossier 33

16714 Artículos