Opinión
Oscar Yanes: “Nadie me quita lo bailao”.
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El 25 de abril de 1927, en el barrio El Guarataro de la popular parroquia caraqueña San Juan, en el seno de una familia humilde de muy escasos recursos económicos, nació Oscar Armando Yanes González, su padre Oscar Yanes trabajaba en la panadería Altagracia, su madre Rosa consuelo González, una mujer que lavaba botellas en una fábrica. El niño no alcanzó a conocer su madre porque murió muy joven, tenía ocho meses de nacido, su abuela materna Rosalía González, fue quien lo crio. Luego su familia se fue a vivir al cerro Buenos Aires, cerca de Roca Tarpeya, por donde hoy queda el Helicoide, la familia era muy unida, su padre, la abuela, sus tías Carmen Aida y carlota González, y su prima Mercedes, realmente tuvo una niñez feliz. Seguramente por la desaparición de su madre tuvo una sobre protección familiar, nunca le decían Oscar sino que lo llamaban por su segundo nombre Armandito, conoció a su mamá por fotografías cuando tenía siete años y la bautizó Mamachica.  Estudia en la Escuela Zamora, ubicada en la parroquia San Juan. Fue periodista, diputado, profesor universitario, corresponsal de guerra, poeta, escritor.

Siempre estaba acompañado de su esposa Ligia Vásquez.

A Oscar Yanes, como el mismo lo dijo “Nadie le quita lo bailao”.

Un caraqueño de lujo

Hacen falta muchas cuartillas para escribir sobre la vida de Oscar Yanes, a los 14 años de edad, ya era fundador y reportero de Ultimas Noticias, luego fue jefe de redacción y director; director de La Esfera; fue el reportero estrella de Venevisión. Fue corresponsal de guerra en Vietnam durante dos meses, realizó seis reportajes: La Guerra en el Mar, la Guerra en el aire, la Guerra en la Selva, El Vietcong, La Religión y la Mujer Vietnamita. Este trabajo periodístico le dio la vuelta al mundo. A lo largo de su carrera periodística entrevistó a personajes de diversas tendencias como Salvador Dalí (artista), Gamal Abdel Nasser (Egipto), Harry Truman, Robert Keneddy y Bill Clinton (EEUU), Rómulo Betancourt y Hugo Chávez (Venezuela), entre tantos otros. Muchos programas pero el que lo lleno de gloria fue: “La silla caliente”.

Acuño frases celebres que quedaron pegadas  y que le dan identidad: Así son las cosas; Chúpate esa mandarina; Vámonos pa’ Punta Grill; Agarra ese trompo en la uña; Estas vibrando; Éramos felices y no lo sabíamos, y un largo etc.

Oscar Yanes un caraqueño de lujo, que nació, creció, vivió, amó y les escribió a su ciudad, falleció en ella el 21 de octubre de 2013.

Lo más importante conocer la Biblioteca Nacional

Oscar Yanes, con esa sinceridad que lo caracterizó, cuando hablaba de sus orígenes lo hacía con orgullo, satisfecho consigo mismo, el decía, que una mañana iba a la panadería donde trabajaba su padre y pasó frente al Congreso, “en donde hoy está el Palacio de las Academias. Ahí funcionaba la Biblioteca Nacional. Por casualidad, veo las ventanas abiertas y a una cantidad de gente leyendo. Le pregunto a un policía si eso era un ministerio, y él me dijo: No, esto es una biblioteca. ¿y cuanto cobran por leer? –Aquí no se cobra nada. ¿Si quiero leer vengo aquí y me prestan libros? –Sí, pero no lo puedes sacar, tienes que leerlo aquí mismo”.

Se va a la panadería y le comenta a su padre el descubrimiento que acaba de hacer, éste le dice tiene dos meses de vacaciones, te vas en la mañana, te  llevas un sanduche, una arepa con queso o un plátano asado de la casa y te regresas a las 5  de la tarde cuando cierren. Así lo hizo religiosamente.

Ël comenta que el director de la Biblioteca era Enrique Planchart y un día lo manda a llamar y le dice, “he notado que lees puras novelas”, ¿Has leído a Rómulo Gallegos, a Rufino blanco Fombona?, él le contesta que estaba leyendo a Julio Verne, Alejandro Dumas. El director le dijo “para entender este país, había que leer y estudiar a los autores venezolanos: Arturo Uslar Pietri, Carlos Brandt, Fombona, Gallegos”. Haber conocido la Biblioteca Nacional fue lo más importante que pudo haberle ocurrido en la vida, y las recomendaciones que el director le dio, lo disciplinaron en la lectura y lo condujeron al periodismo.

La plaza Bolívar era el corazón de Caracas

En  tiempos pasados, en aquella Caracas de los techos rojos, de pocos habitantes, la gente se enteraba de las cosas, de lo que sucedía en la sociedad, por lo que se decía en la plaza Bolívar. Porque la plaza era el centro de la ciudad, allí convergían todos los factores, políticos, sociales, de negocios, etc.

Al respecto Oscar Yanes dijo: “La plaza Bolívar era el verdadero corazón de Caracas, existían hombres y mujeres que solo se enteraban de las cosas por lo que se decía en la plaza,..no se decía que pasa en  Caracas sino qué se dice en la plaza Bolívar, en los altos del cine Rialto, enfrente estaba Ultimas Noticias”, “En Caracas se perdió el espíritu de buena vecindad y respeto”. Ojala pudiéramos recuperar aquella ciudad que yo conocí donde era agradable caminar por el Centro Simón Bolívar, el Silencio, los comercios de la avenida Urdaneta, es necesario garantizar la seguridad y defensa de los ciudadanos, para hacer de la ciudad un lugar donde realmente se pueda recrear, pasear, comer y dormir.

Un aviso de prensa cambio mi vida”

Hay gente a quienes las circunstancias  le cambian la vida y Oscar Yanes es uno de ellos, él quería estudiar medicina para ser psiquiatra, un día leyendo la prensa. Vio un aviso “de una escuela llamada Universidad Augusteo, en donde ofrecían clases de periodismo. Me inscribí y allí conozco a una pila de periodistas, entre ellos a Francisco J. Ávila, profesor de teoría y práctica de periodismo, quien nos llevaba al diario La esfera, para practicar. Descubrí un mundo fascinante”.

Oscar, estudiaba bachillerato y cuando salía de clase se iba para “La Esfera”, se hizo amigo de los reporteros, les buscaba el café, le enseñaron a escribir en la maquinas de teclas de la época. Sin proponérselo actuaba como un empleado del periódico, tomaba los datos de los que iban a poner las denuncias, al respecto dijo: “Me di cuenta que era fundamental lo de la máquina de escribir para transmitir yo mismo las noticias e hice una cosa que ningún periodista había hecho antes, pues escribían con dos dedos: me fui a una escuela, llamada Escuela Superior de Comercio, y aprendí a escribir con los 10 dedos”.  Fue empleado de La Esfera, luego pasó a Ultimas Noticias, con el correr de los años fue el creador del periodismo televisivo y el mejor reportero de Venevisión.

Los 80 años de edad, en el Aula Magna de la UCV

Es que nuestro personaje era un fuera de serie, una tarde llego con Armandito Pérez al restaurant Punta Grill de Las Mercedes donde él era habitue. Estaba almorzando, siempre elegante, con su traje oscuro, los bigotes blanqueados, el típico sombrero  de la Caracas antañona, su corbata colorida, su voz fuerte, me saluda como siempre lo hizo “estas vibrando Mario”. Recordamos el impasse que tuvo con el ex diputado Pastor Heydra,  y nos relató cuando a él como diputado le correspondió en el Congreso Nacional hacer la defensa  en la tribuna de oradores de un alto diputado copeyano que estaba siendo objeto de una investigación solicitada por Heydra. Mire Mario “Pelear con el negro Pastor, es como pelear con un Miura”. Pasamos una tarde simpática, amena y de muchos cuentos con ese personaje de antología, aprendí a conocerlo más, me preguntó “desde cuando no vas a tu universidad,  me van a hacer un homenaje con motivo de mis 80 primaveras, nos vemos allá”. En el Congreso Nacional donde fue diputado por 10 años, era conocido cariñosamente como “Chivo negro”.

El 22 de abril de 2007, atendí la invitación y asistí al Aula Magna, un lleno total, lo mejor de humorismo venezolano se dio cita para celebrar los ochenta años del hombre que hacia vibrar la noticia en el país, hablaron de su vida, de los chistes contra el presidente Chávez. Se dieron cita Claudio Nazoa, Laureano Márquez, Pedro León Zapata, Carlos Rodríguez “Rafucho el maracucho”, con este último nos fuimos a otro sitio a hacer los comentarios.

@marioevaldez

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Mario Valdez

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