Opinión
¿Otra vez el Chávez de enero 2004?
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Algo muy extraño está ocurriendo en Venezuela. Durante los últimos días, cada vez que la tensión en las calles pareciera migrar hacia otros necesarios estadios de organización y expresión social, surge el gobierno a echarle gasolina al fuego y a reavivar la violencia.

Dados los últimos acontecimientos (agudización de la represión, encarcelamiento de funcionarios electos, amenaza de destitución ilegal a alcaldes), no cabe duda que el principal interesado en que la violencia no disminuya es el gobierno nacional.  Ha tenido en sus manos la oportunidad de calmar las aguas, y procede en vez de eso a agitarlas con furia. Desde el punto de vista de la lógica racional, cualquier gobierno medianamente democrático estaría haciendo justo lo contrario del nuestro. Entonces, ¿cuál es la explicación?

El anacronismo intelectual de quienes ocupan –tanto aquí como en Cuba- posiciones de decisión en el gobierno del madurocabellismo, les hace seguir creyendo en la estupidez  aquella de la violencia como partera de la historia (El Capital, vol 3) y en la insistencia del papel determinante de la violencia en eso que llaman “la praxis revolucionaria”. No es gratuito que el Manifiesto Comunista de 1848 diga textualmente: “Los comunistas proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente”. Tampoco es casualidad que Lenín (“El Estado y la revolución”) insistiera machaconamente en “el carácter inevitable de la violencia” en el tránsito del capitalismo al socialismo. ¿Pero será esa la única explicación a la violencia intencional del gobierno? Estos trasnochos ideológicos ciertamente permean la actuación oficialista. Pero más allá de ese contaminante doctrinario, existen 5 posibles explicaciones al interés por mantener la confrontación y estimular la violencia. ¿Cuáles son estas hipótesis?

1) Dada la obsolescencia neuronal de la gerontocracia cubana, y su incapacidad para administrar diferencias que resultan normales en una democracia pero que son  impensables para ellos, ¿lo que estamos viendo son las consecuencias de las órdenes de La Habana en el sentido de intentar acabar con cualquier disidencia u opinión contraria como se hace en la isla, a punta de sangre y fuego?

2) ¿O la agudización intencional y precipitada de la crisis política se hace para que sea ésta quien ocupe el centro de la atención nacional, y no la crisis económica, cuyos síntomas perversos están todavía por verse? De hecho, el estímulo a la agitación social han sido muy buen negocio para el gobierno, porque le ha permitido aplicar la mayor devaluación de la historia venezolana o subir descaradamente los precios de los alimentos, y que tales cosas pasen inadvertidas dada la relevancia noticiosa de la crisis política. ¿Será por esto que no les interesa que la tensión social baje en intensidad?

3) ¿O se persigue el  recalentamiento de la crisis política para justificar la represión y la persecución contra la dirigencia política y social del país, y así evitar que puedan estar al frente de sus liderazgos cuando estalle la versión dura de la crisis económica que se avecina?

4) ¿Acaso se persigue generar las condiciones de violencia para justificar y “legitimar” una represión social generalizada que termine provocando frustración y desmoralización popular, lo que desanimaría los esfuerzos de ese mismo pueblo por alzar su voz y levantarse cuando estalle la crisis económica?

5) ¿O estamos en presencia de una jugada de la facción cabellista del gobierno para provocar una crisis de tal envergadura que debilite a tal extremo a la camarilla madurista, y justifique una especie de “barajo revolucionario” que ponga al inefable presidente de la AN al frente del Ejecutivo, con la excusa de que “la revolución no se puede perder”?

Cualquiera de las hipótesis anteriores, todas nefastas para el país, son en principio posibles. Lo que sí es cierto es que resulta difícil no asociar esta conducta del gobierno con la delincuencial confesión del expresidente Chávez en su informe anual a la AN el 15 de enero de 2004, cuando afirmó sin vergüenza, refiriéndose a los acontecimientos que desembocaron en el 11 de abril de 2002: “las crisis son necesarias y muchas veces hay que generarlas. Lo de Pdvsa era necesario. Cuando yo saqué el pito aquel en un aló presidente y empecé a botar gente, yo estaba provocando la crisis. Y cuando nombre a Parra Luzardo, pues estábamos provocando la crisis. Ellos respondieron y, bueno, se presentó el conflicto. Y aquí estamos hoy. Eso era necesario”.

¿Está el gobierno queriendo aplicar la misma receta del comandante galáctico? No lo sabemos, pero el hambre enfermiza de poder y el apetito desenfrenado por los beneficios económicos del mando son unos consejeros muy peligrosos. Hay que estar alertas para no pisar peines. Lo que sí está claro es que el gobierno está intencionalmente promoviendo la violencia y estimulando la agudización del conflicto. ¿Qué carta oculta bajo la manga?

Angel Oropeza

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