Opinión
PAVOROSA HEMORRAGIA
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Sara es el más tierno brote de mi árbol familiar. Ella es nieta de mi hermano Carlos y sacó su pasaporte casi simultáneamente con su partida de nacimiento. No ha cumplido seis meses pero, además del pasaporte, Sara también tiene en sus pequeñitas manos un boleto aéreo con el que volará a Argentina con su papá Sebastián, el decano de mis sobrinos, y con su mamá Irene.

La dolorosa diáspora de la familia Narváez incluye, además de Sara y sus padres, a Elisa, Catanito, Fernando, Angélica, Toñito, Alejandro, Beatriz, Eduardo y Micaela. Ese contingente representa a más de la mitad de mis sobrinos; son jóvenes, hermosos y  bellas, formados en las mejores universidades del país; son sanos de cuerpo, de mente y de espíritu; son buenas personas, responsables, respetuosos, cariñosos. Toda esa poderosa savia vital ahora palpita en otros países, lejos de casa.

Cambien ustedes los nombres y el apellido y tendrán la historia dramática de cientos de miles de familias venezolanas. Los jóvenes se van porque aquí no hay futuro, ni presente tampoco. Serán muy afortunadas las escasas familias que en diciembre podrán hacerse la tradicional foto au grand complet.

Esta situación es insostenible. Hay que cambiar. Hay que cambiar a los responsables de esta hemorragia de talento y juventud. Sin ese cambio no será posible generar condiciones para que volvamos a resolver con normalidad, civilizadamente, nuestras necesidades elementales y para que los jóvenes encuentren razones para quedarse, y para regresar.

El 15 de este mes tendremos la ocasión para producir el cambio. Las encuestas indican que existe una alta probabilidad de que Alfredo Díaz resulte ganador con holgada ventaja. Pero sabiendo que más allá del cambio de nombres al frente de la gobernación, se requiere un cambio de políticas públicas, Alfredito presentó la semana pasada el programa de gobierno que aplicará en su gestión. Ese documento fue diseñado bajo el enfoque del Desarrollo Sostenible.

El Desarrollo Sostenible es un tipo de desarrollo que permite atender las necesidades de la generación del presente, sin menoscabar las posibilidades de que las generaciones futuras también satisfagan las suyas. Generaciones futuras que no existirán, si no detenemos esta pavorosa hemorragia.

Manuel Narvaez

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