Opinión
Piensen en este hombre cuando validen
Opinión

En 2004, cuando pertenecía a la Red de Veedores y acudíamos como Observadores a todos los eventos que sacudían al país, me tocó ser testigo  de los que entonces se llamaron ¨reparos¨ . Tan arbitrarios aquellos como los que ahora, en un nuevo eufemismo, llaman ¨validación¨.

Muchas cosas me han sacudido en estos 17 años de lucha, pero ésta en particular me quedó marcada a fuego.  Aun hoy la releo y las lágrimas me saltan sin que pueda evitarlo.

Hela aquí:

Yo excluí mi firma: una crónica pequeña/ por OlgaK

A un centro de reparo de Chacao llegó un señor humilde. Entró con paso decidido y el rostro sombrío.Sin mediar las usuales cortesías , haciendo un recorrido con su brazo extendido y   apuntando  a todos los miembros de mesa inquirió con rudeza:

-¿Quiénes de ustedes son del oficialismo?

Se hizo el silencio y nadie se identificó.

-No se atreven a identificarse ¿no?, los retó.

Una sonrisa amarga le ensombreció mas aun el rostro.

Fijó en todos su mirada intensa, cargada.

-No, no se atreven.

No era una pregunta.  Era una afirmación dicha con voz grave, con una mirada de lástima mientras les buscaba los ojos.

La derrota se posó sobre sus hombros. Hubiera preferido otra cosa.

El  silencio se cortaba con cuchillo y la quietud hizo el aire denso, pesado.

La derrota estaba ahí, y no obstante, parecía acompañarla una extraña fortaleza.

-¡Mírenme bien!,  dijo de pronto. E irguió  la espalda mostrando el cuerpo de obrero tallado por tareas duras.

Todos obedecieron su orden de mirarlo. Ni que quisieran hubieran podido zafar sus ojos de aquella extraña visión de un hombre que provocaba a un tiempo pena, desconcierto y miedo.

Cuando estuvo seguro que todos lo miraban y que su persona era el centro de aquel mini universo, habló.

-Tengo 6 hijos. Yo sí firmé. Yo no puedo perder el trabajo… Vengo  a excluir mi firma.

Avanzó hacia la mesa. Su particular cadalso.

En una suerte de hipnosis colectiva se cumplió el procedimiento.

Cuando estampaba su huella, el último requisito que sellaba su acción,  sólo atinó a decir con voz quebrada:

¡Que Dios me perdone!

 Es verídico.

En Caracas a los 28 días de Mayo de 2004. Primer día de reparos.

Desempolvo la crónica que escribí entonces como un devastador recordatorio.

Como un alerta urgente. Como un grito.  El obrero que protagoniza mi crónica de entonces, estaba solo.  Solo con su necesidad, su angustia y su dependencia.  La oposición era la suma de todos los errores. De todas las divisiones.  Él sabía perfectamente que la revolución lo avasallaría si no retiraba su firma y que la oposición no tenía la fuerza para defenderlo.

Hoy el panorama es otro.

Hoy, además de que somos mayoría absoluta e indiscutible, somos la fuerza, la real, la que se sustenta en la determinaciónde millones de venezolanos para trocar la revolución por el progreso, la guerra por la paz, la ruina por la construcción.

La revolución nos quitó tantas cosas que ya no tiene nada mas que quitarnos.

En esta triquiñuela que llaman ¨validación¨ somos mas lo que rescataremos a los hombres como el de mi crónica aplastados por quienes usaron el poder para doblegarlos y convertirlos en vasallos. Esa es nuestra ineludibleobligación moral.

El revocatorio va. No hay otra opción.

Cuando llegue la hora, piensen en este hombre. Vamos a devolverle la libertad

Salvémoslo a él y salvémonos todos.

 

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14 Junio 2016.

 

Olga Krnjajsky

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