Opinión
Por Favor Cambienle El Nombre Al Bolivar
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Simón Bolívar, el libertador de Venezuela, y de medio continente Americano, es sin duda el hombre más grande y trascendental nacido en estas tierras, su genio, su clarividencia, su talento, la fortaleza de sus convicciones y su pensamiento, le otorgan sin duda un lugar cimero dentro del reconocimiento  latinoamericano y mundial. Lo anterior sin duda se ubica dentro de la valoración del Bolívar hombre, del personaje de carne y hueso, cuyas pasiones, errores y vicisitudes solo sirven para darle mayor significación a su nombre.

 

Lamentablemente, desde que el Bolívar proscrito y desterrado, obligado a morir en suelo ajeno, comienza su obligado proceso de reivindicación, los tiranos de diverso pelaje pretendieron establecer un culto en torno a su personalidad, construir una deidad que sirviera para arropar y justificar sus despotismos, sus ultrajes y su tiranía, desde Antonio Guzmán Blanco a  Hugo Chávez, pasando por Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez,  el “bolivarianismo “ha sido artículo de utilería, del cual se ha usado y abusado para profanando su pensamiento y su obra, convertirlo en símbolo de sectarismo, banderías y posiciones excluyentes y sectarias.

 

Entre los tantos honores muy bien merecidos, que la Venezuela agradecida consagro en beneficio de su libertador, estuvo el de bautizar con su nombre el signo monetario nacional, cuyo valor y fortaleza debía ser estar sin duda a la altura de su gloria. Durante 40 años el Bolívar fue una de las monedas más fuertes y respetables del mundo, transable en todos los mercados y cuyo valor superaba con creces el de la mayoría de los países latinoamericanos, Asiáticos y Europeos, siendo aceptada en cualquier lugar del planeta.

 

En 1.983 con el denominado viernes negro, se cerró un siglo de más de 40 décadas de preservación del poder adquisitivo y cambiario de nuestra moneda, y comenzó un proceso gradual de pérdida de valor, que marco el final de una época. Aun con todas estas vicisitudes, y los errores de política económica y monetaria cometidos en la etapa anterior a 1.998, seguía siendo el Bolívar, una moneda fuerte y respetable. A partir de 1.998 se inició un proceso acelerado de destrucción de nuestro signo monetario  asechado por una mezcla perversa de inflación y sucesivas devaluaciones, que condujeron ante la destrucción de su capacidad adquisitiva y transable, a la consagración de un “artificio “mediante una reconversión monetaria, que resto tres ceros al bolívar queriendo brindar la sensación de que rescataba su solidez.

 

Hoy, si algo debiera imponerse en quienes hacen diarios gargarismos con el nombre y la gloria de Bolívar, seria cambiarle el nombre a nuestra moneda. No se merece Bolívar que el papel moneda que con su denominación imprime en cantidades cada vez más irresponsables el Banco Central de Venezuela, termine como hoy lo afirman analistas económicos internacionales valiendo menos que una servilleta, no hay derecho a que se profane y ultraje el nombre de nuestro padre libertador, manteniendo un signo monetario destruido, depreciado, devaluado a niveles realmente vergonzosos.

 

Una inflación galopante, una perdida diaria de su valor transable, la erosión de nuestras reservas internacionales, la destrucción del sector productivo nacional privilegiando importaciones masivas, la emisión de dinero sin respaldo para financiar el déficit del estado, el saqueo de las arcas públicas, todo se conjuga en las políticas de quienes nos desgobiernan para que el bolívar cada día valga menos, y sea motivo de burla o de pirateo como sucede en la frontera colombo-venezolana.

 

No hay razón, Ni derecho a que sea nuestra moneda, con el nombre distinguido y glorioso del hombre que forjo nuestra libertad, el símbolo más grotesco de la quiebra y la ruina a que han conducido a Venezuela. Si alguna iniciativa debería unirnos a los venezolanos, mas allá de nuestras posiciones políticas, unidos por la figura de nuestro padre libertador, es la de reclamar del gobierno, ya que no quieren cambiar las políticas que pudieran enmendar o aminorar el deterioro de nuestra moneda, es que al menos releven a Bolívar de la Vergüenza de una depreciación y devaluación cotidiana. Cambiar el nombre de nuestra moneda, y denominarla por ejemplo “el maduro “ sería un gesto de desagravio, con el más grande hombre que ha parido esta tierra.

Rafael Simon Jimenez

Ex parlamentario e historiador

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rafaelsimon57
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