Opinión
¿Porqué el Medio Oriente crea monstruos?
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Resulta una desventura que en el Medio Oriente, luego de la independencia, no surgieran pensamientos y liderazgos profundos, modernos y trascendentes para la construcción de mejores sociedades, como sí ocurrió en América Latina con Betancourt, Haya, Figueres y Muñoz, que sembraron la semilla de la democracia a principios del siglo XX. La melancolía de los orientalistas, entre ellos el notable Edward W. Said, moja interminables pañuelos en llanto por el colonialismo, la injusticia y los crímenes sufridos, para justificar el encono de árabes y musulmanes hacia Occidente, sin regatear el manto comprensivo al terrorismo, en un intento elegante de maquillar la Historia. Pero no se preguntan la razón de que del Islam no surgen democracias, sino despotismos duros o blandos.

 

La letanía de Said y muchos otros descuida que los árabes fueron sojuzgados y humillados seiscientos años por musulmanes otomanos, y no pudieron soltarse por sí mismos, sino gracias a los ingleses y a la condescendencia de Ataturk, el primer presidente de Turquía imperial en 1922. En cambio Lawrence de Arabia y muchos otros europeos se consagraron a su independencia. En la era de Bin Laden, Saddam, Gadafi, Al Assad, Al Baghdadi nadie ha asesinado tantos árabes y musulmanes como ellos mismos. Viene exacta una frase de Joyce: “la historia es una pesadilla de la que quiero despertar”. Sólo aparecen en esas tierras teólogos delirantes, crispados y violentos, y payasos revolucionarios. Un desfile de esperpentos fascistas, socialistas, autoritarios, expresión de la ideología Baas, “partido de la resurrección árabe”.

 

Prosoviéticos en la época

 

Esta nació como una fuerza internacional militarista, pro soviética creada en 1943 en Damasco y extendida a Irak. Surge Nasser, fundador de la fracasada República Árabe Unida, que apaleado por Israel en la Guerra de los Seis días, languideció de tristeza en 1970, o su contraparte persa, no árabe pero también tercermundista, el empijamado Mossadegh (y  luego Ahmadinejad), Idi Amin, Saddam, Ben Alí, Mubarak, Gadafi, Al Assad. La alternativa no era mejor y sigue amenazante: el integrismo de los Hermanos Musulmanes desde 1947 y ahora ISIS. Siria carece de opciones ante la pavorosa arremetida del Estado Islámico (Isis) entre  las rejas del heredero de una dictadura creada entre 1970 y 2000 por Hafez Al Asad, “El Carnicero de Damasco”, padre del actual tirano.

 

Al Asad padre, agente soviético y sobreviviente en el poder hasta su muerte, su legado principal es haber perdido las Alturas del Golán ante Israel, masacrar 20.000 personas en la ciudad de Hama y convertir Siria en pozo séptico del Medio Oriente, del Chacal, Abu Musa, Septiembre Negro, Abu Nidal, Hezbolá, Yihad Islámica. El escogido era el primogénito Basel Al Asad, pero la muerte lo agarró a traición en un accidente de automóvil en 1994. El hijo menor, Bachar Al Asad tuvo que regresar a Siria desde Londres y abandonar los estudios de oftalmología. En 2001 hace reformar la constitución, elimina el límite de 40 años para optar a la presidencia (el tenía 34) y obtuvo 98% de los votos en unas elecciones dudosas. Hoy es un aliado esencial e incómodo de occidente en el combate a ISIS.

 

Sin salida frente a Al Asad

 

Las Fuerzas Armadas gobiernan desde el golpe de Estado en 1963 y hoy son una institución poderosa y madura, -como el ejército egipcio- aunque no tienen la responsabilidad máxima en la custodia del orden. Bachar confía más en los cuerpos especiales, su guardia pretoriana radicada en Damasco y formada por cuatro poderosas maquinarias de terror: la Guardia Republicana con diez mil hombres, las Fuerzas especiales, desplegadas en puertos y aeropuertos, con quince mil, la Tercera División Armada, de cinco mil y la cuarta división armada, con veinte mil. La base esencial del poder es el aparato de espionaje, la terrible y escalofriante Mujhabarat, ante la que se estremece hasta la oficialidad de los mencionados cuerpos especiales.

 

Tiene capacidad para confiscar bienes muebles e inmuebles y pasaportes, sus centros de detención son desconocidos y maneja directamente los tribunales para el uso político de la justicia, con autonomía para asesinar y secuestrar dentro y fuera del país. Está maquiavélicamente dividida en ramas paralelas que se vigilan entre sí: el Directorio de la Seguridad General, el Directorio de la Seguridad Política, la Inteligencia Militar y la Inteligencia de las Fuerzas Aéreas. Pocos creían que Egipto, Libia y Túnez se librarían de los déspotas establecidos e importantes analistas consideraban improbable una oposición interna al régimen. Pero el futuro no termina de aclararse. EEUU, Europa y las Naciones Unidas tendrán que hilar fino. Roosevelt podría repetir acerca de Bachar “que es un hijodeputa pero es nuestro hijodeputa. Triste y cierto.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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