Opinión
¿Qué hacer?, por Rosa M. Estaba
Opinión

En un soliloquio sobre el cómo desanudar la enmarañada situación errática del liderazgo opositor, me hice la pregunta ¿qué hacer? Sin titubear, me remonté al libro presentado, en 1902, por Vladimir Lenin bajo el título ¿Qué hacer?, un tratado político donde traza propuestas para la vencedora revolución socialista de Rusia, de las que se puede extraer la clave del éxito: estrategia y organización.

La vía no es por los atajos

Considerando la premisa de Lenin y sobre todo después de haber acusado derrotas tan sucesivas y severas, tenemos que aprender que la vía no es por los atajos. Sobran ejemplos que dan cuenta de 15 años, de 2002 a 2017, de intentos fallidos para librarnos por medio de la fuerza del régimen que desvió los destinos de Venezuela.

  1. Fracaso de los sucesos de 2002 y 2003 dirigidos a provocar la renuncia del presidente Hugo R. Chávez: la masiva movilización del 11 de abril que cerró con el abortado golpe de Estado; la toma de la Plaza Altamira por militares disidentes; y el Paro Petrolero y su desatinada evolución hacia el Paro Nacional Indefinido convocado por FEDECAMARAS y la CTV.
  2. En 2005, el triunfo del oficialismo en las elecciones parlamentarias, con una abstención que alcanzó el 75%, abultada proporción explicada por el retiro de la contienda de la mayoría de los partidos de oposición.
  3. En 2014, la campaña política opositora, conocida como La Salida que, en vez de conseguir la renuncia del presidente Nicolás Maduro, culminó con la aprensión de sus dirigentes y el desvanecimiento de las protestas populares.
  4. En 2016, el extravío de la anunciada ruta pacífica, electoral y constitucional, que echó por la borda el cambio histórico capitalizado por el triunfo opositor en las parlamentarias de 2015 para agregar nuevos reveses: a) el referéndum revocatorio burlado a su antojo por el oficialismo y b) las marchas opositoras detonadas por la provocación oficialista contra la Asamblea Nacional, que se iniciaron en abril de 2017 para, al igual que en 2014, evaporarse lentamente, sin pena ni gloria y luego de más de 3 meses de salvaje represión, heridos, fallecidos, presos.

Hoy, cuando es obligante dar respuestas a un país abrumado, estupefacto, desengañado y víctima de una crisis humanitaria con tendencia a agravarse por efecto de la aplicación del default selectivo derivado de la falta de pagos de intereses sobre la deuda externa, tenemos que aprender que del apuro sólo queda el cansancio y que el problema debe abordarse políticamente, estudiando una solución negociada con base en una estrategia y organización.

Una solución negociada, con base en una estrategia y organización

Llegó el momento crucial de poner particular acento en el estudio de una solución negociada, con base en una estrategia enfocada en la realización, en diciembre de 2018, de unas elecciones presidenciales libres, justas y garantizadas con la presencia de observadores internacionales independientes y creíbles. Pactadas conforme a la Ley, se ha de convenir su fecha precisa con, al menos, seis meses de anticipación, junto a providencias que legitimen la transparencia del proceso, desde la puesta en escena de una campaña electoral sin ventajismo en el uso de los recursos del Estado (fondos, medios de comunicación) hasta el mismo acto de votación. Es imperativo contemplar, entre otros asuntos críticos, el respeto a los libros de votación (auditorías, huella digital, tinta indeleble y revisión del voto asistido), la seguridad ciudadana y la eliminación de desmedidos actos violatorios del ordenamiento jurídico, tales como los puntos de proselitismo y amedrentamiento montados por el oficialismo en cada centro electoral y los cambios, a último minuto y sin aviso público, de las ubicaciones de las mesas de votación y de la disponibilidad de máquinas de votación.

Llegó el momento crucial de poner particular acento en la complementaria organización unitaria, tanto a lo interno de cada partido político como entre ellos. Si bien la diversidad de pensamiento es el tesoro de la democracia, la unidad ha de cristalizar a partir de una definición precisa del peligroso adversario a vencer. Lograda en estos términos, la opción unitaria, podrá encontrar un candidato opositor idóneo y oferente de un mensaje de esperanza. También podrá convertirse en un resorte para emprender una cruzada de apoyo que, cara a cara, articule plataformas sociales dinámicas, plurales e incluyentes. Sólo así, podremos prevenir la participación de los electores convencidos y no convencidos, y la imprescindible defensa del voto.

 

Sofia Torres

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