Opinión
¿Qué intentan en Venezuela: fascismo o comunismo?
Opinión

 

Gracias al coraje inenarrable de un hombre recio, pero amable y benévolo, lleno de humory valor personal, que enfrentó todos los peligros por devoción a sus semejantes, Winston Churchill, la pesadilla totalitaria  no tomó el mundo por asalto. Las revoluciones triunfantes de los siglos XVIII y XIX se hicieron para destruir el Absolutismo, someter el poder a la ley y a otros poderes, y crear repúblicas o monarquías constitucionales, según la doctrina de Montesquieu: solo se puede vivir en paz cuando los poderes se vigilan entre sí. A partir de ellas evolucionan los regímenes liberales, de muy corta duración, hacia la fusión de la libertad y la participación popular: la democracia representativa y constitucional. Las revoluciones del siglo XX comenzando por la rusa de 1917, hasta la cubana de 1958, pasando por la alemana de 1933, la china de 1949 y demás, se hacen paradójicamente para desmontar los avances políticos y democráticos.

 

 

 

Se dedican a restablecen regímenes absolutos, desmantelar la Declaración de los Derechos del Hombre de 1783 y perpetrar los peores crímenes conocidos. Es el totalitarismo, y para Hannah Arendt las diferencias entre sus dos ramas, comunismo y nacionalsocialismo son más bien académicas o históriográficas, pues se trata de hermanos gemelos. Son contrarrevoluciones que se llamaron a sí mismas “revoluciones” socialistas o nacionalsocialistas. Las comunistas decían proponerse profundizar programáticamente concluir, desarrollar los principios de la Revolución Francesa. Ir de la igualdad falsa del Estado de Derecho a la “igualdad social”, de la representativa a la “democracia directa” y de la libertad formal a la “libertad real”. El comunismo declaraba su internacionalismo, que “el proletariado no tenía patria”, sino que lo era cualquier rincón del planeta donde se construyera una revolución.

 

 

 

La libertad le importa a pocos

 

 

 

Luego degeneraron al nacionalismo hermético, el socialismo en un solo país. En la otra esquina, el fascismo-nacionalsocialismo querían, por el contrario, explícitamente  liquidar la herencia que Francia había dejado a la humanidad, como lo regurgitó Hitler en las tribunas, cosa que casi lograron él, Stalin y Mussolini con apoyo de “las masas”. Eso hizo a Hayek sostener que “la libertad le importaba un bledo a la mayoría”. Sin ese sustento popular no se hubieran mantenido en el poder ni desencadenado la destrucción y el horror. Ambos, comunismo y fascismo, llegaron exactamente al mismo lugar, la tiranía. Una oleada de terrorismo fascista o comunista  se ha profundizado en Venezuela a raíz del socialismo del siglo XXI. Encarcelar líderes de la oposición, palizas callejeras y asesinatos a manifestantes pacíficos, amputación de medios de comunicación, ofensas a los ciudadanos.

 

 

 

Una ofensiva contra el estado Táchira y contra colombianos humildes con perversidad mefistofélica que busca otros fines. Creación de falsos positivos valiéndose para ello de infiltrados –los patriotas cooperantes- ruines piltrafas al servicio de la causa más innoble. El fascismo italiano nunca fue totalitario, pese a que el término es de Mussolini. Una dictadura demasiado desmañada e incompetente. La redefinición de fascismo a la luz del siglo XXI, como esboza Eco, debería asumir que es mellizo del comunismo. Hay así fascismos pardo, negro y rojo.  Y la construcción del socialismo es igual a la entronización del fascismo. Es difícil diferenciar cual de los dos construyen en Venezuela.

 

 

La barbarie en la frontera

 

 

Instrumento de los diversos totalitarismos es el Terrorismo de Estado con el manejo de los tribunales o persecución judicial. También el uso de grupos irregulares armados  que repartían palizas, humillaciones públicas, incendios de comercios, saqueos de residencias privadas eran pasatiempo favorito de los grupos irregulares para decir que se trataba de “reacciones espontáneas del pueblo” y confundir  parte de la comunidad internacional que con ganas de dejarse confundir.  Fidel, Noriega, Ortega, Chávez usaron esa modalidad que aprendieron de nazis y soviéticos.

 

 

 

Si los camisas negras forzaban a sus adversarios a tomar aceite de ricino, en Venezuela torturaron jóvenes  mientras los obligaban a cantar canciones chavistas. Hoy zonas de la frontera venezolano-colombiano están tomadas por lo que parece una horda invasora. Por fortuna en la era de la globalización la política se impone sobre el terror. La voluntad de hierro de quienes se juegan todo por la libertad y la democracia, no desmaya. Hay que usar las brechas que se abren en el autoritarismo y nunca renunciar a ellas con el argumento infantil de que los bárbaros juegan sucio o harán fraude. La experiencia indica que, como en los ríos, cuando se cae en un remolino, no hay que dar brazadas locas sino nadar bajo el agua y salir adelante.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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