Opinión
¿Quiénes somos, qué queremos?, por Virginia López
Opinión

En contra y a pesar de siete millones y medio de votos obtenidos, la jornada del 16-7-17 en rechazo a la Asamblea Nacional Constituyente, que pretende imponer el gobierno de Maduro, nos habla de lo que somos capaces de lograr cuando nos damos cuenta de que la palabra país o Venezuela nos involucra, de simples espectadores también podemos ser los agentes del cambio que queremos ver; sobre todo cuando nos integramos y organizamos. No sólo somos mayoría, la mayoría también la tuvo Chávez a la hora de destruir, y con menos votos. Ya no, ya no es esa mayoría. En estos 18 años, entendimos como nación las consecuencias de lo que implica la implosión de los partidos políticos por problemas de ego, el despreciar y desconocer la política y como resultado de ello y caer en el juego de la antipolítica. Por  ignorancia de la Historia , o también, por desespero entregamos nuestra confianza a un desconocido de quien subestimamos sus antecedentes, relaciones o lo que decía, así como lo peligroso y dañino de sus herederos: un pequeño grupo de psicópatas con poder que tienen el control de la mayoría de las instituciones, el de las armas, de los grupos militares y paramilitares, y son capaces de cometer las peores atrocidades para controlarnos y someternos. Pero también entendimos que somos capaces de enfrentarlos aún desarmados, de no dejarnos, de perseverar en nuestro sueño por tener un país mejor, porque ese país mejor implica que todos estemos mejor, e incluso, que nuestra vida sea viable, porque hasta ese grado ha llegado el nivel de daño causado por este gobierno. Ha sido tanto y tan profundo el sufrimiento que, como país entendimos que nuestra indiferencia no sólo lastima al otro “que le pasan las cosas”, sino que también con el paso del tiempo se transforma en un arma en contra de nosotros mismos.
Debido a estos y tantos otros aprendizajes en esta lucha por rescatar nuestra democracia, fuimos protagonistas de un hecho inédito, sin precedentes históricos, un proceso electoral en un país donde las elecciones constitucionalmente establecidas fueron suspendidas por el gobierno, sin cuñas publicitarias porque su difusión fue prohibida, con tan solo 15 días para su organización, convocación y formación de voluntarios a nivel nacional e internacional, sin mayor presupuesto, razón por la cual apenas se pudieron montar el 13,7% de los centros electorales. Adicionalmente, un proceso electoral en un país que atraviesa la mayor crisis económica y de escasez alimentaria, donde había gente que tenía más de 24 horas sin probar bocado, y muchos no sólo votaron, también comieron y hasta tomaron café porque la comida se multiplicaba como la generosidad de nuestro gentilicio. Empleados públicos no sólo vencieron el miedo a las amenazas de ser despedidos, sino que me mostraron su carnet como para dar testimonio de su valor y determinación, nada de esto me lo contaron, lo viví, fui testigo de ello. Pues bien, estas circunstancias, que sirven de contexto para considerarlo el gran triunfo que siempre será, pueden quedar en la anécdota.
Lo que lo hace un evento inédito, sin precedentes es que, junto con todo lo anterior, los venezolanos fijamos posición ante un gobierno con todas las características de un régimen totalitario a través del acto más cívico inventado por el hombre, como lo es el voto. Realizamos una jornada electoral de tal magnitud de electores, no como producto de un proceso de negociación para dirimir diferencias insalvables, sino como demostración de nuestra fuerza, de nuestra determinación por rescatar la democracia, ahora sólo queda la Constitución que el gobierno quiere cambiar. Si hay alguien en el gobierno y en nuestras FFAA con un poco de sensatez, que les lea estos resultados. La solución no está en negarlos, como tampoco en fabricar votos el 30 de Julio.

Ya no te basta con aparentar ser democrático, te toca serlo cuando 7,5 millones de personas se paran frente a ti para decirte que esta no es la forma de conducir un país, ni la dirección que se debe tomar para solucionar la profunda crisis que tú has provocado, cuando además ya no es invisible, y todos los ojos del mundo te miran.
En cuanto a nosotros, una vez más demostramos ser tanto un pueblo como una oposición con un gran talante democrático y pacífico. Respondimos con votos a pesar de la cruda represión y barbarie a la que hemos sido sometidos, y desde las cuales hemos sido provocados. Elegimos la civilidad ante la guerra, la cual no se contradice con la tenacidad de nuestro espíritu ni con la firmeza de nuestra determinación, ni anula nuestra inmensa rabia, todo lo contrario. No es una casualidad que en los estados donde la represión ha sido mayor, fue donde hubo mayor participación. Así que, sintámonos orgullosos, pero entendamos que nuestro trabajo apenas comienza, sin triunfalismos, sin falsas expectativas; pero conscientes del poder que nos da el estar unidos, organizados, haciendo cada quien lo que le corresponde, venciendo el miedo, la apatía, los intereses personales o cualquier excusa; somos ahora una mayoría más consciente de su poder. Somos también una mayoría distinta, porque hoy somos más conscientes de nuestro amor por Venezuela, porque la falta de amor nos condujo a esta terrible experiencia e hizo que toda esta gente saqueara y destruyera como lo ha hecho; pero también conscientes de que ese amor que sentimos nos traerá de vuelta el país que soñamos, porque ese voto no sólo compromete aún más a nuestros líderes, sino a cada uno de nosotros con nuestro sueño. Ahora más conscientes de quienes somos, nos corresponde conquistar lo que queremos: La libertad. Esa Libertad nos obliga a ser y hacer más de lo que hemos hecho hasta ahora para reconquistar la democracia y reconstruir a nuestro país, porque somos Venezuela y queremos libertad.

Virginia López
@VirginiaLopez_O
Psicólogo Clínico y venezolana en ejercicio

Sofia Torres

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