Opinión
Referendo Revocatorio
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La crisis económica avanza ferozmente. Desconectado de la realidad, el presidente Maduro se refugia en los conucos de azoteas y balcones; se enreda en un amasijo de motores fundidos (parece Luz Caraballo “contandito los motores 5, 9, 13”); parlotea en Quito ante sus pares de la CELAC sobre un “plan táctico anticrisis económica”, frase vacía, tongoneo inútil, con el que buscaba disimular su indigencia intelectual.

Dada su ineptitud, su ignorancia y su ceguera ideológica, el presidente Maduro no sabe, ni puede, resolver esta grave situación; por lo tanto, debe cesar en el ejercicio de su cargo. Esa es la condición necesaria, aunque no suficiente, para detener y revertir la destrucción del país.

Por el bien de nuestra patria, el Presidente debería renunciar, lamentablemente carece de grandeza de espíritu para reconocer el fracaso de su gobierno y abrir camino al cambio necesario. Toca por lo tanto, explorar las vías democráticas, electorales y constitucionales para terminar su mandato. La convocatoria de una Asamblea Constituyente es una opción, pero resulta compleja y aparatosa. La enmienda y la reforma de la Constitución, aunque relativamente sencillas en su aplicación, podrían ser consideradas por el TSJ como subterfugios fraudulentos; al respecto vale recordar lo sucedido en el 2002 con el referendo consultivo.

En política no se debe atropellar la coherencia entre el cómo y el qué: los medios deben ir justificando el fin. El referendo revocatorio es el procedimiento constitucional específicamente concebido para resolver situaciones como la que padecemos; lo pertinente entonces es activarlo. Aplicando la norma constitucional sobre el revocatorio (art. 72 CNRBV) y las disposiciones establecidas por el CNE en 2007 para regularlos, la solicitud podría presentarse a partir del 14 de abril. Si así ocurriera, la elección del nuevo presidente podría estarse celebrando en los primeros días de agosto.

Manuel Narvaez

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