Opinión
Reyes, reinos y plebeyos, por Nelson Totesaut Rangel
Opinión

Trump en 5 horas. Doce días tuvieron que transcurrir para que el primer mandatario de EEUU, Donald Trump, reaccionara ante la catástrofe que dejó el paso de María por Puerto Rico. Cinco horas fue todo lo que estuvo en la isla; nada más, gracias a Dios. Lo que le bastó para banalizar la destrucción: comparar las pocas víctimas fatales (16), con las del huracán Katrina y, peor aún, hacerse de jugador de baloncesto, lanzando rollos de papel higiénico a la multitud; recurso que seguramente es el más necesitado en estos momentos de crisis humanitaria. Para que, finalmente, se despidiera con su prepotencia usual: “Hemos gastado mucho dinero en Puerto Rico”, recordándole a la isla la benevolencia de su amo colonizador.

Trump volvió a demostrar lo que es: un megalómano engreído que poco interés tiene por la vida ajena. No solo menospreció la muerte de 16 puertorriqueños, sino que logró mofarse de la ayuda humanitaria; siempre recordando que, “por su gracia”, el desastre fue inferior a lo que pudo haber llegado a ser. En síntesis: gobierna como un monarca sobre sus colonias, demostrando que la democracia puede llegar a ser mucho más perversa que las monarquías existentes.
Otro Rey, otro reino
Otro Rey, en este caso de mayor estirpe y alcurnia, expresó su completa indignación por los eventos en Cataluña. Felipe VI habló bien. Muchos le critican su llamado a la democracia, paralelamente con la ostentación de un cargo conferido por Dios. No obstante, el Rey existe y las monarquías están lejos de acabar. Más de 20 aún se encuentran en plena vigencia, y sobre 40 está la cifra de países cuyo sistema de gobierno tiene características monárquicas confesas. El poder de ellas está sujeto a protocolos y sirven, más bien, de figuras de estabilidad y unidad nacional. Es decir, don Felipe habló cuando le tocaba hablar. Asumió sus competencias como el jefe del Estado español y condenó a aquellos que buscan desintegrar la unidad nacional.
¿Sentir la independencia?
En el año 1164 Alfonso II de Aragón sería el primer regente de la Corona de Aragón. La misma sería producto de la unión del Reino de Aragón con el Condado de Barcelona. Siglos más tarde, una unificación más importante resultaría de la Corona de Castilla con la Corona de Aragón: España. Es decir, el Condado de Barcelona resulta parte fundacional de España; al menos en una cuarta parte.

Los problemas empiezan a emerger con la Guerra de Sucesión Española. Carlos II, de la Casa de Habsburgo, muere sin descendencia, lo que desata una guerra de aspirantes a la corona española. Los catalanes apoyan a Carlos III; pero los Borbones ganan, llevando a Felipe V al trono. Inmediatamente, se ordena el bombardeo de la ciudad de Barcelona, el cual continúa por años para recordarle a los catalanes que su lealtad ha de ser con la Corona Española, ergo con Felipe V.

Pese a lo último, el sentir independentista parece ser cíclico. Aparece y se desvanece de acuerdo a los momentos vividos. En los últimos 7 años ha pasado de ser un mero anhelo del 13% de la población (según encuestas), hasta llegar hoy en día a un 41%, cifra bastante escandalosa. Empero, los radicales siempre tienden a gobernar. Las mismas encuestas revelan que casi el 50% de la población catalana se encuentra en contra de una Cataluña fuera de España, pero su voz parece ser opacada por los gritos de aquellos que velan por la autonomía entera.

Consideraciones finales
Otro reino que busca ser independiente es Reino Unido. En este caso, no libres de su monarquía, la cual goza de 85% de aprobación, sino del resto de Europa. Todos estos eventos -Trump, Cataluña, Brexit, entre otros- responden a múltiples consideraciones distintas. Moisés Naím, en artículo para El País, argumenta que estos eventos, al menos en EEUU y RU, “no son más que dos manifestaciones, espoleadas en parte por la revuelta de la clases medias en los países ricos”, cuyas consecuencias son imprevisibles. A esto, agregaría el caso catalán, todos producto de un descontento generalizado debido al estanque social que parecen vivir los países desarrollados de Occidente.

@NelsonTRangel

Sofia Torres

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