Opinión
Rivalidades políticas y solidaridad nacional
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Las rivalidades políticas son un hecho y la solidaridad una necesidad de vida o muerte. No tendremos república si no sabemos combinar las dos cosas y no habrá vida si nuestra solidaridad efectiva no es capaz de trascender las fronteras de las  rivalidades y de los rechazos políticos. La Presidencia de la Conferencia Episcopal en mensaje reciente, invita a cada venezolano a sacar lo mejor de sí, a construir puentes y cruzar alambradas de desconocimiento y odio. La vía política para el encuentro nacional está llena de barricadas y sembrada de minas que matan a quien se atreva a cruzarlas para dar la mano al que está al otro lado. Ahora todos vivimos mal y la miseria es creciente; excepto los pocos que, saqueando al país, se hicieron millonarios en dólares.

En este documento episcopal la Iglesia nos pone ante los ojos el ejemplo de Jesús con los necesitados y nos invita a “atender a quienes en nuestro país están sufriendo por las graves carencias de alimentos y medicinas, la violencia y la inseguridad”, y reafirmar “con gestos concretos la solidaridad entre todos como hermanos”.

En circunstancias normales nos limitamos a exigir a los políticos de diverso signo que colaboren y lleguen a acuerdos fundamentales para que Venezuela pueda seguir viviendo. También exigimos que el Gobierno se abra al juego democrático y libere a la Constitución secuestrada. Eso está bien. Pero en grandes emergencias como la actual todos tenemos que salir de nuestra casa al encuentro del otro; no solo los políticos. Cuando la “Tragedia de Vargas” la gente salió corriendo a aportar, a organizarse para el rescate de vidas y la alimentación en los refugios. No esperamos a que los políticos nos encabezaran, ni hicimos cálculos que separan a los “míos” de los “otros”. Las desgracias exigen milagros humanos y producen transformaciones  que cambian la vida y la comodidad cotidiana.

La Iglesia, recogiendo el sentimiento de los venezolanos en esta catástrofe mayor, nos llama a salir a ayudarnos en solidaridad, venciendo “la violencia, la resignación y la desesperanza”. Convertirnos en “sujetos conscientes de nuestra propia y calamitosa realidad”. Pacíficos sí, pero activados para “actuar como protagonistas de las transformaciones de nuestra historia y nuestra cultura”. Hay que rezar, pero no basta rezar. “¡El Evangelio nos reclama eficacia!”.

Todos, movilizados y organizados, tenemos  que hacer mañana lo que todavía no estamos haciendo hoy. “Los dirigentes políticos, sociales, empresariales, gremiales y religiosos estamos llamados a dar testimonio tangible de responsabilidad y de compromiso de amor a nuestra patria”. Este es un clamor nacional apartidista y como tal requiere apertura de las autoridades. “El Gobierno debe favorecer  todas las formas de ayuda a los ciudadanos. Es apremiante la autorización a instituciones privadas del país, como Cáritas y otros programas de diferentes confesiones religiosas, que no nos metemos en la  diatriba política, sino que servimos directamente a los más necesitados, para que podamos traer alimentos, medicinas y otros insumos necesarios, provenientes de ayudas nacionales o internacionales y organizar redes de distribución a fin de satisfacer las urgentes necesidades de la gente”. Millones de venezolanos movilizados con solidaridad para compartir lo que podamos. Esto requiere organización, mucha organi­zación, semáforos verdes de parte del Gobierno, y conciencia para no degradar el amor y la solidaridad en pequeñas jugarretas politiqueras interesadas. Esperamos que prevalezca la sensatez y la generosidad y se active todo esto cuanto antes.

Desde luego, eso no  sustituye a las grandes tareas de desbloqueo y de cambio político civilizado. “Los poderes públicos deben respetarse entre sí y articularse a favor de la nación. Lo contrario, el irrespeto y la permanente confrontación entre ellos, va en detrimento de la posibilidad real de solucionar los problemas que nos afectan a todos. Concretamente, el Poder Ejecutivo y la Asamblea Nacional, a más de respetarse y actuar según su respectiva autonomía, reconociendo el papel que a cada uno les corresponde, están llamados a dar al pueblo ejemplo de “encuentro y diálogo” a favor de la convivencia nacional” y “buscar, de manera conjunta, soluciones que el pueblo reclama, a problemas de vital importancia”.

El reto y la llamada a la conciencia están servidos  y a quien no responda, Dios y la Patria le pedirán cuentas.

 

Luis Ugalde

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