Opinión
Rosa Estaba: Antes de que la sangre llegue al río
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A raíz del inconstitucional despojo de la Asamblea Nacional por parte del TSJ, la historia de Venezuela inicia, desde abril de 2017, un nuevo capítulo marcado por el luto que recorre los intersticios de su geografía. Acercándonos a los tres meses de protestas de calle, se cuentan cifras por el orden de 72 víctimas mortales, más de 2 mil heridos, más de 3 mil detenidos, innumerables encarcelados, juicios de civiles en tribunales militares y denuncias de aterradoras torturas.

Conozco la fuerza de la adrenalina emanada de masivas, entusistas y continuas movilizaciones, doblemente amenazadas por la salvaje represión de los cuerpos de seguridad y por focos de violentos que contravienen la línea pacífica trazada por la dirigencia de la MUD. Desde mi balcón que mira a la plaza Altamira, ícono de la rebelión, sufro las estampidas ante las lluvias de bombas lacrimógenas -ahora adornadas con ráfagas de tiros y de nubes de guardias nacionales y colectivos- y su lamentable transformación en la guarimbas, o reductos de resistencia que bloquean las calles, atacan con bombas incendiarias, dividen la opinión de la oposición y le han servido al gobierno para tergiversar la noticia sobre las responsabilidades.

¿Está trancado el juego? Lejos de vislumbrarse un triunfador, se evidencia un drama contaminado por debilidades que parecieran insuperables, tanto en la oposición como en el gobierno. Es un secreto a voces, el inevitable desgaste de las continuas movilizaciones con el riesgo de la pérdida de control de la dirigencia con una posible escalada de violencia y de que cunda la desilusión, ante objetivos que no se cumplen. La debilidad del gobierno no sólo se pone de manifiesto en su incapacidad para evitar la protesta y la escalada de violencia. Resultados de encuestadoras, como Datanálisis, registran que 85% de la población rechaza la propuesta del Presidente de reformar la Constitución y 70% cataloga de negativa su gestión, incluyendo sus milmillonarias políticas clientelares que no llegan ni convencen y disparan los ya encumbrados índices de inflación y de empobrecimiento: proyectos socioproductivos, asistencia a comerciantes afectados por las protestas, créditos a jóvenes, pensiones a adultos mayores, fortalecimiento de las casas de alimentación y relanzamiento, etc.

¿Tales debilidades son reveladoras de un quiebre propicio para un cambio de rumbo, signado por la política sobre la batalla?

Maduro deja a un lado su ya trillada oferta de paz mediante la instalación del Gran Diálogo Constituyente cuando manifiesta que pedirá ayuda al Papa para mediar con la oposición venezolana a fin de deponer posiciones en pro de un Gran Diálogo de Reencuentro por la paz. Su sorpresiva oferta se produce horas después de culminada la extraordinaria e inédita procesión de la Divina Pastora en Barquisimeto, que reunió a cerca de un millón de peregrinos para orar por la paz y la libertad en el país.

¿Será una coincidencia o un síntoma de que llegó la hora de negociar una salida a la tragedia del país? ¿Será que el gobierno llama al diálogo porque tiene, cada vez más, la calle encendida, un país paralizado y un apoyo popular menguado? ¿Será posible tomarle la palabra sin necesidad de bajar las banderas? ¿Será posible sentar a unos contrincantes en el entendido de que no se busque derrotar al otro? ¿Será posible llegar a una transición negociada? ¿Será posible la paz requerida para la construcción de un futuro?

¿Por qué no sentarnos a dialogar como lo hicieron los vietnamitas, los polacos, las FARC o como cualquier otra experiencia de resolución de situaciones difíciles mediante el camino de la negociación? Debemos empeñarnos en buscar y convocar a aquellos aliados dentro y fuera del país a favor de un diálogo serio, responsable y favorable para no aferrarse a posiciones y hacer concesiones. Como aliados fuera del país, ya suenan Naciones Unidas, la Unión Europea y un grupo de países amigos integrado por México, Brasil, Argentina, Colombia, Perú y Chile. Aliados dentro del país, ocultos o declarados, serían aquellos decididos a evaluar probadas estrategias y técnicas para persuadir y convencer a actores clave, a objeto de lograr un encuentro con “reglas de juego” y agendas claras y previamente definidas. En la búsqueda de una arreglo político mutuamente beneficioso o que minimice los respectivos costos políticos, el diálogo podría hacer foco en los cómo encarar los más peligrosos conflictos de inseguridad, hambre y salud. Antes de que despegue una dolorosa escalada de violencia y la sangre llegue al río, ¿podríamos abrir caminos acordando la elección de gobernadores antes de la constituyente y como paso previo a la presidencial del 2018?

Rosa M. Estaba

19 junio 2017

rosaestaba@gmail.com

Dossier 33

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