Opinión
Rosa Estaba: Desarrollo del territorio a escala local y democracia participativa y protagónica
Opinión

“Hacia la gran transformación,

contigo y con todos sin exclusión,

desde tu comunidad, tu barrio, tu ciudad

El revolucionario mundo de la economía del conocimiento y de las técnicas de información y comunicación que tipifican al actual milenio ha obligado a poner en revisión las tradicionales políticas de planificación, para impulsar el desarrollo del territorio a escala local amarrado a una eficaz democracia participativa y protagónica.

El municipio con centro en su ciudad, el protagonista del desarrollo

La descentralización, entendida como la estrategia dirigida a acercar el poder al ciudadano para elevar la eficiencia del Estado, es el gran logro fomentado por la democracia venezolana de finales del siglo XX, luego de la primera elección de gobernadores y alcaldes realizada en 1989. No obstante sus inocultables bondades y los avances que el actual régimen autoritario e hiper-centralista no pudo destruir, esta nueva forma de manejar los asuntos de Venezuela no ha resuelto el problema de la dispersión de las políticas públicas sectoriales trazadas sectorial y verticalmente desde el nivel nacional e instrumentadas en paralelo, a veces en sintonía entre sí, muchas otras en franco divorcio e incluso en indeseable contradicción.

Aparte de la impostergable desburocratización del aparato del Estado y del justo e indispensable reconocimiento de la intervención de la provincia en los asuntos del país, la descentralización debe salirle al paso al invariable y sucesivo desperdicio de ingentes esfuerzos empeñados en la planificación, y adoptar una fórmula de mercado globalizada, integral y económica, social y ambientalmente sostenible, cuya aplicación sólo es posible si se pondera al municipio como el protagonista del desarrollo con centro en su ciudad, el más preciado activo territorial, gracias a la conjunción de los barrios y comunidades que adornan el paisaje urbano. Su ponderación cobra relieve al evaluarlo en el marco del rol trascendental que ha venido ganando el desarrollo del territorio a escala local y, su par, la planificación estratégica territorial.

El desarrollo del territorio a escala local

Abundan experiencias exitosas que, en concordancia con el repetido cuestionamiento al centralismo, tienen como denominador común, expresamente o de manera tácita, el enfoque de los problemas y sus soluciones, vistos en el territorio local, la escala inmune a la fragmentación de las políticas públicas. El territorio local goza de la ventaja de hallarse bajo el mando del gobierno municipal, actor originario y sostén de la integración territorial, derivada de sentido de pertenencia o de identidad territorial que permite a los individuos o a las comunidades considerarse como una parte constitutiva de su propio lugar.

A escala local es viable superar los problemas del cortoplacismo y de la dispersión disciplinaria y sectorial, que impiden detectar la amplia relación sistémica existente entre recursos endógenos patrimoniales de diversa índole, existentes o potenciales: desde los agrícolas, ganaderos, mineros, ecológicos y paisajísticos, pasando por los de la industria manufacturera, los servicios, las infraestructuras y las comunicaciones (transporte, red vial, telecomunicaciones, etc.) hasta los intangibles como la propia ubicación geográfica, las condiciones climáticas, la educación, la salud, las costumbres, las tradiciones, la organización y las redes sociales, una cultura emprendedora o la facilidad para llegar a consensos colectivos, etc.

En el territorio local, es posible evitar el paternalista populismo territorial que ha minado a las políticas nacionales, para explotar potenciales de desarrollo detectados o creados en cualquier territorio. Unos territorios se ofrecen dotados de un capital territorial al que se le puede sacar partido en el logro de soluciones óptimas a largo plazo. Hay otros que, si son objeto de acciones oportunas, pueden transitar hacia unas propuestas económico-sociales que utilicen los recursos de forma más eficiente. Hay territorios, vecinos o no, con activos o retos compartidos o complementarios, que pueden colaborar en la búsqueda de soluciones comunes, compartiendo experiencias o aunando fuerzas para explorar juntos sus respectivas ventajas competitivas y las posibilidades de crear un mayor potencial de desarrollo.

Más allá de las particularidades que lo distinguen de los demás, el territorio local es en sí mismo un patrimonio endógeno en el que se funden las masas patrimoniales de elementos materiales e intangibles, tanto las heredadas de los respectivos antepasados como las creadas en el presente. El patrimonio endógeno, en el que los ciudadanos reconocen sus señas de identi­dad territorial, se complementa de manera integral con recursos exógenos que, como la inversión de capitales demandada por la estructura productiva y tecnológica, pasan a formar parte del mismo, en la medida en que hacen simbiosis y se mimetizan en el contexto donde se implantan.

La planificación estratégica territorial:

ejercicio de una eficaz democracia participativa y protagónica

La planificación estratégica territorial, organizada bajo el principio de corresponsabilidad entre el sector público y el privado, es una práctica de aprendizaje en el terreno que amalgama a actores empresariales, académicos, comunitarios, etc., en redes socio-territoriales, muchos de ellos previamente agrupados según sean sus preferencias y objetivos. Es un ejercicio de eficaz democracia participativa y protagónica facilitadora de programas y proyectos formulados en función de problemas concretos y con objetivos claros, que sin exclusión y desde su respectiva comunidad, barrio o ciudad, han de ser pactados por personas u organizaciones identificados entre sí, prioritariamente, por lazos de vecindad o proximidad, y que dejen de lado los esfuerzos puntuales, dispersos y aislados para estructurarse en eslabones de encadenamientos sostenibles de producción, bienestar social y protección ambiental.

Para liberar el potencial territorial en pro de una fórmula de mercado globalizada, integral y económica, social y ambientalmente sostenible, es preciso diseñar una planificación que se ajuste o retroalimente con las trazadas a escala nacional y regional y se base en el conocimiento de la memoria geográfica, vista a nivel local, regional y nacional. El propósito es determinar las fortalezas y factores específicos que expliquen la competitividad de los diversos tipos de territorio, entendiendo que cada uno de ellos representa un activo, si se considera su inserción real o factible a escala global o transnacional y se impulse movido por el sentimiento de identidad de las respectivas comunidades.

En lugar de buscar el infructuoso arreglo de políticas sectoriales, la herramienta es propicia para hacer ejercicios por equipos con la participación de agentes que, no obstante su complejidad, presenten propuestas conciliables mediante procesos de negociación. De la generación y consideración de distintas propuestas se podrían identificar nodos estratégicos en los que habría que trabajar, reconociendo siempre la necesidad de salidas particulares y específicas para cada realidad. También se abren caminos para facilitar la gestión de las relaciones con los otros niveles territoriales de gobierno y mejorar las condiciones de aprovechamiento de los recursos humanos.

El punto central, en un contexto de cambios y de altas exigencias, sería orientar hacia la identificación de objetivos combinados de corto y largo alcance, que incluyan las relaciones con el sistema nacional e internacional y sean debidamente precisados con el correspondiente abanico de estrategias o cursos de acción y recursos para lograrlos. Como punto de partida es recomendable esbozar un diagnóstico de la situación actual del territorio, o el “modelo territorial actual” que ha de reflejar la caracterización económica, social y ambiental a la que arriben los participantes, con el apoyo de la interactuación con los técnicos abocados a la planificación adelantada con los métodos tradicionales. De las conclusiones del diagnóstico y teniendo como norte la visión de un “modelo territorial deseado”, se desprendería la formulación de lineamientos estratégicos, reparadores de conflictos y promotores de posibilidades, así como una cartera de iniciativas y proyectos.

Dossier 33

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