Opinión
Rosa Estaba: El pecado original de la crisis
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¡Nunca nos engañaron!

Desde el inicio, nos dijeron que el propósito era eliminar y superar radicalmente el estado de cosas en vigencia, mediante estrategias anti-neoliberales y anti-urbanas – de hecho destructivas-, inherentes al modelo comunista o marxista. Interpretemos tres de las formuladas en el Plan de Desarrollo Económico y Social 2001-2007.

  1. Suplantar la sociedad individualista y egoísta propia del capitalismo por otra de comunidades moral y colectivamente organizadas.
  2. Suplantar la economía de mercado, regida por la propiedad privada, el dinero y los capitales, por un modelo socialista de planificación centralizada, mediante

-la colectivización de los medios de producción, para construir una sociedad conscientemente controlada por los obreros

-la eliminación de la división social del trabajo, la estructura jerárquica y la disyuntiva entre la satisfacción de las necesidades humanas y la producción de riqueza subordinada a la reproducción del capital.

  1. Suplantar el patrón de distribución geográfica de las actividades productivas y la población, históricamente modelado a través de la densa red de ciudades que, a manera de arco, se aglutina en la norteña Unidad Costa Montaña, por otro de trazado totalmente inverso y formado por tres ejes imaginarios: el occidental y el oriental, orillados con sentido norte sur por las fronteras extremas de Venezuela, y el sureño eje Orinoco-Apure de las yermas y dilatadas sabanas centrales y selvas del sur. Con su instrumentación nacerían dos nuevos mapas de Venezuela, expresiones del Estado Comunal, artificio de división político administrativa a crear centralista y voluntaristamente, para administrar y coordinar la existencia de muchas organizaciones:

-el mapa de ciudades comunales forjadas por agregación de varias comunas, los entes de articulación de varias organizaciones comunitarias y epicentro de la inversión

-el mapa de la confederación comunal integrada por la suma de federaciones comunales que, en reemplazo de las entidades federales, se formarían  su vez por dos o más ciudades comunales.

¿Resultados?

No sólo contratan obras demoledoras de dólares, escandalosamente sobre facturadas e inútilmente localizadas fuera de las pujantes áreas de desarrollo. Muestras de obras abandonadas e inconclusas son el tercer puente sobre el río Orinoco, a cargo de la enjuiciada empresa brasilera Odebretch, o el terraplén del ferrocarril de los Llanos, iniciado con tecnología y financiamiento chinos. A este desvarío se suman otras territorialmente marginales y sin futuro, como los planes de Navegación y de Desarrollo Pesquero a implantar en el Eje Orinoco-Apure o las dispersas Zonas Especiales de Desarrollo Sustentable.

El gran problema es que, como la revolución llegó por los votos y no por las armas, han tenido que mantener dos hiper-estados colosales y dependientes de una sola cabeza: el tradicional capitalista -al que hay que suplantar de manera progresiva- y el paralelo socialista, de corte agrarista y devastador de cadenas de valor relacionadas con la sinergia de la ciudad -al que hay que financiar y soportar-.

 

Rosa M. Estaba 21DIC2016

 

Dossier 33

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