Opinión
Rosa Estaba: ¿NEGOCIAR CON ESOS DEMONIOS?
Opinión

¿Negociar con esos demonios? La pregunta que, indistintamente, puede salir del alma de un oficialista o de opositor, ante la advertencia de que es hora de declinar en aras de una salida política negociada, indispensable a la democracia y a la convivencia.

¿Por qué le conviene al oficialismo? Es público y notorio el creciente desgaste del Gobierno, resultante del descontento de la población ante el colapsado modelo socialista, a tal extremo que corren el riesgo de ser barridos del mapa político de Venezuela. A pesar de saberse sin apoyo popular, el Presidente, después de convocar una usurpadora Asamblea Nacional Constituyente con poderes supraconstitucionales que profundizarían los severos problemas del país, en un acto de desesperada radicalización, pronuncia una angustiosa declaración de guerra: “Si Venezuela fuera sumida en el caos y la violencia, y fuera destruida la revolución bolivariana, nosotros iríamos al combate […] y lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas“. Inclusive, al revolucionario convencido de su condición de vanguardia revolucionario, le debe importar y mucho ver que su sostén se reduce cada vez más al poder de las armas.

¿Por qué le conviene a la oposición? La oposición también sufre el desgaste derivado de la conducción de un movimiento con diversas y sucesivas políticas y estrategias que, en lugar de  abrir el camino para sacar del poder al cada vez más impopular Presidente, engendran pérdida de esperanza de cambio inminente y de unidad en el liderazgo. Luego del extraordinario triunfo de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, ha transitado sin éxito por las más variadas tentativas: referendo revocatorio, elecciones generales anticipadas, pedido de renuncia presidencial, juicios políticos, diálogo y las excepcionales, aunque cada vez menos nutridas, manifestaciones de calle que, no obstante la desmedida represión y amenazas del gobierno, se han mantenido por más de tres meses lo largo y ancho del territorio nacional.

Hundida en el miserable abismo del socialismo del siglo XXI, Venezuela es asechada con la sombra de una anomia degradante, expresada no sólo en la despiadada represión de las fuerzas del orden público. Se observa en la violencia que ha desvirtuado la decidida participación ciudadana y, sobre todo, en las arremetidas de mercenarios paramilitares que alarman a la opinión pública internacional, como fue la del sangriento asalto a la sede del palacio de la Asamblea Nacional, mientras se celebraba el acto solemne de conmemoración del 5 de julio, día de la Independencia Nacional.

Nunca es tarde para abrazar el entendimiento, caminar por el sendero de la paz y salvar el futuro. Si bien vivimos una guerra todavía de baja intensidad que ha alcanzado a barrios humildes de algunas ciudades, donde la lucha por la democracia y en contra del régimen no tiene control ni tregua, la oportunidad siempre está allí, oculta, pero está, sobre todo porque hay conciencia de que la lucha es por la libertad, por rescatar la sociedad plural que no conoció Cuba, ni China, ni ningún otro de esos países donde se pudo fosilizar la farsa del sistema comunista.

El factor primordial para destrabar el juego, hoy atrapado por la violencia de extremos polarizados, sería un proceso de negociación, legitimado por su origen en un trabajo dirigido a buscar hendijas en los niveles más bajos de las estructuras de poder. Actuando de adentro hacia afuera, de abajo hacia arriba y a través de puentes a la luz del día o de túneles secretos, podríamos dar con actores fundamentales a los fines de entender que sentados en una mesa dispuestos a hacer concesiones es la única manera de evitar consecuencias muy negativas para el país e, incluso, para el futuro político y personal de las partes. El régimen ha de convencerse de las bondades de una transición concertada y pacífica a los fines de su supervivencia. La oposición debe reforzar los argumentos del régimen dando garantías políticas, económicas y personales.

Es indispensable fortalecer la visión de una solución negociada no entre demonios sino entre hermanos que padecen una misma nación, al interior o el exterior de los muros que encierran a cada una de las partes en conflicto. Es indispensable trabajar para la creación de múltiples espacios de encuentro y debate, y para la incorporación de grupos de países amigos que gocen de la confianza y aceptación de los negociadores y contribuyan en la persuadida disminución de los costos de transición.

Rosa M Estaba

10 07 2017

Dossier 33

18946 Artículos