Opinión
Rosa Estaba: Venezuela el país de la esperanza
Opinión

Venezuela sigue siendo el país de la esperanza, no obstante los nocivos entuertos engendrados en la artera aspiración del Estado Comunal y de la consecuente destrucción de la vigorosa sociedad venezolana construida durante los últimos cuarenta años del siglo XX.

El inédito plebiscito ciudadano

La inédita participación de la sociedad civil en un plebiscito ciudadano para sin miedo decir NO a la fraudulenta Asamblea Constituyente Comunal convocada por el Presidente, demostró cuan aptos somos para deslastrarnos de la creciente descomposición política, económica y social que, por su crecimiento y magnitud, ha activado las alarmas en el continente americano, en la sociedad occidental y en el mundo en general.

No es poca cosa sacar a la calle a más de 7 millones de ciudadanos (casi el 40% del padrón electoral) para concurrir a 2.030 centros de votación desplegados en el territorio nacional y a otros 612 en 532 ciudades de 82 países, mediante un proceso preparado en menos de quince días, con censura mediática, sin el apoyo de la experticia del Consejo Nacional Electoral y hostilizado bajo amenazas y una grosera militarización. No es poca cosa lograr en asombrosa armonía y disciplina la eficiente afluencia de voluntarios y electores, hasta en los barrios más humildes asediados por la desnutrición, el desabasto, la desatención médica y la violencia.

Venezuela conmemorará el 16 de julio de 2016 como el histórico día del país de la esperanza, el día en que exhibimos un ejercicio de civismo y capacidad de organización, tan sorprendentemente impecable que será emulada por otras sociedades.

Luchar por la paz y la reconciliación, la democracia y la prosperidad

Enarbolando la alegría, el orgullo y el espíritu republicano, ahora nos toca empoderar a cada uno de los más de 7 millones de votantes como activistas constituidos en grupos de luchadores por la paz, la reconciliación, la democracia y la prosperidad. Activistas que busquen legitimar el triunfo de la civilidad sobre la barbarie, en decidido deslinde respecto de los extremos radicales y en el entendido de que llegó el momento de ser propositivos.

Más que explicar que una Constituyente Comunal, diseñada a la medida del régimen, profundizaría la tragedia que nos agobia, nos toca hacer foco en la necesidad de recuperar el descarrilado rumbo del progreso. Crear conciencia sobre la posibilidad de diseñar y hacer realidad un proyecto de país que, en rescate de nuestro pasado y cabalgando sobre la situación país, ofrezca un plan de rectificación que enfrente las distorsiones y deseche el rumbo del centralismo paternalista anti-industrial y anti-urbano para reiniciar la vía al desarrollo. Invitando a los diversos factores de la sociedades nacional, regionales y locales, y con particular prioridad al deliberadamente destruido sector empresarial, ofrecer un plan dirigido a retomar la ruta sintonizada de la descentralización, la competitividad, la sociedad del conocimiento y la información, la responsabilidad social corporativa, el emprendimiento, la producción agrícola e industrial con excedentes para la exportación, el perfeccionamiento de los servicios especializados, las inversiones extranjeras, etc. Una ruta que, con criterios de cooperación entre vecinos o entre semejantes y de sostenibilidad económica, social y ambiental, valorice la diversidad patentada en la memoria de cada entidad federal o municipal, de cada ciudad, metropolitana o no, o de cada campo, con desarrollo empresarial o de otra índole.

Venezuela podrá seguir siendo el país de la esperanza, si en cada uno de los votantes del 16 de julio de 2017, conseguimos despertar el interés por la reactivación de las fuerzas congénitas de la riqueza patrimonial históricamente construida en nuestro tan dilatado como heterogéneo espacio geográfico.

Rosa M. Estaba

19 julio 2017

Dossier 33

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