Opinión
Semana terminal
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Derrotadas las artimañas del CNE chavista, en 143 centros de validación de firmas en todos los estados, y ante los ojos del país entero, los venezolanos reiteramos nuestra inalterable decisión de revocar el mandato de Nicolás Maduro.

Derrotadas las artimañas de la cancillería chavista, en Washington, y con el firme apoyo de numerosos países de la región, el secretario general de la OEA desnudó al régimen de Nicolás Maduro.

No hubo lo que no intentaron los petardistas del CNE chavista para torpedear el proceso constitucional de solicitud de referéndum revocatorio contra Nicolás Maduro que millones de venezolanos vemos como impostergable y urgentísima solución para aliviar los padecimientos extremos que nos ha causado su gobierno.

No hubo lo que no intentaron los petardistas de la cancillería chavista para evitar que el secretario general de la OEA retratara con descarnada precisión y detalle el grave estado de descomposición institucional y estructural, que resisten hoy con vigor y decencia la República y la tradición democrática de los venezolanos.

Venezuela entera se expresó de nuevo en un grito de millones de sus ciudadanos que lo vencieron todo en toda nuestra geografía, para decir que hasta aquí llegó este régimen, destructor del aparato productivo y generador de corrupción, hambre, enfermedades, delincuencia, indignidad, pobreza material y espiritual.

La voz del secretario general de la OEA habló por los millones de ciudadanos de las Américas que se solidarizan con nuestros sufrimientos, y que saben que queremos transitar por un camino de paz hacia el restablecimiento de nuestra constitucionalidad, hacia la reconstrucción material y moral de Venezuela.

Fue inmenso el esfuerzo de millones de venezolanos en todos sus municipios para derrotar la arbitrariedad de la validación de nuestras firmas: hubo que soportar largas colas, desplazarse por kilómetros a bordo de cualquier tipo de vehículo, aguantar a pleno sol, empaparse bajo las lluvias, vadear quebradas, cruzar ríos.

Fue inmenso el esfuerzo del secretario general de la OEA y de otros diplomáticos del continente para describir cuando se debía, y ante el mundo entero, el grado de descomposición nacional que sufre Venezuela: hubo que sortear petro-chantajes, amenazas, ataques y ofensas de adoctrinados vociferantes.

La semana pasada se ganó mucho. En nuestro territorio y en la sede de la OEA. Pero hay que tener muy presente que en esta, y en las demás semanas que siguen, los petardistas del chavismo echarán mano de cualquier trapisonda para tratar de domeñar nuestras exigencias de un cambio de destino.

Luego de la repercusión que tuvo lo que pasó en los centros de validación de firmas, los venezolanos estamos hoy aún más convencidos de que solo con la activa, creciente, y decidida participación pacífica ciudadana, lograremos rescatar nuestra democracia y enrumbarnos con optimismo hacia el futuro nos merecemos.

Luego de la repercusión que tuvo lo que pasó en la OEA, con seguridad pronto veremos nuevos episodios de apoyo internacional, puesto que la inmensa mayoría de las naciones quiere vivir en paz y en democracia. Para protegerla, quieren evitar la destructiva contaminación que provocan focos de infección como el chavismo.

Ejemplo de esto son los resultados de las elecciones en España, que señalan el deseo de los ciudadanos de preservar los valores de la democracia. El domingo pasado los españoles manifestaron muy claramente su rechazo a las tramposas propuestas que les ha hecho el chavismo de Pablo Iglesias y los demás petardistas de su partido.