Opinión
Señores, esto se acabó
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Hace Casi 20 años cuando el chavismo irrumpió en la política del País, Venezuela estaba deseosa de un cambio radical que enmendara los defectos y perversiones que el viejo sistema bipartidista había acumulado en su etapa decadente.   Fue precisamente ese clamor inmensamente mayoritario el que facilito a un militar golpista y fracasado, transformarse en un líder político cuyo discurso e histrionismo logro catalizar y capitalizar esos anhelos de transformación acumulados en la frustración, la desafección y la desesperanza de la gente.

 

Chávez que luego de su insólita chapucería militar, decidió reconvertirse a la condición de dirigente político y optar por la vía electoral, encontró el camino despejado hacia el poder. Basto con que voceara consignas patibularias y radicales ofreciendo acabar con la corrupción,  liquidar la pobreza y sentar las bases de una democracia distinta, para interpretar ese anhelo mayoritario presentes en los venezolanos y de esa manera obtener un claro y contundente triunfo electoral en 1.998.

 

En sus primeros años de gobierno, el controvertido presidente, llego a acumular niveles crecientes de popularidad. Chávez audaz y zamarro, logro colocar un discurso reivindicador y milagrero que pronto acaparo audiencia en los sectores de menores recursos a los cuales coloco en el centro de su discurso político, otorgándole eso que sociólogos y politólogos denominan empoderamiento, visibilidad, autoestima y que genera una relación estrecha entre el líder y los más pobres. Pero además, al amparo de un larguísimo ciclo de altos precios petroleros, peculados o despilfarrados en buena medida, también logro  edificar un mecanismo asistencialista, clientelar u de control político que genero beneficios materiales para los más vulnerables y desasistidos.

 

Bajo esa fortaleza económica dispensada por la bonanza petrolera, el hoy difunto caudillo diseño, un modelo de hegemonía política y personal, cuya pretensión ultima era permanecer indefinidamente en el poder, en función de este despropósito necesitaba liquidar o reducir cualquier elemento de contrapeso o competencia política que pudiera trastocar sus planes. Bajo ese deliberado propósito se procedió al control de las instituciones, a la politización de las Fuerza Armadas, a la criminalización y estigmatización de los adversarios o disidentes, y más grave aún a destruir el aparato productivo, a golpear y atropellar al sector privado, a achicar la capacidad de generar producción y riqueza dentro de Venezuela, para lo cual no se ahorraron atropellos, confiscaciones, expropiaciones, invasiones de medios de producción industriales o agrícolas.

 

Con altísimos precios petroleros, como los que marcaron el mercado internacional de los hidrocarburos,  durante el periodo 2.003- 2.010,  el plan de Chávez avanzo a pasos agigantados, los grandes ingresos fiscales permitían incrementar la nómina del estado, asumir un rol cada vez más importante en la economía, pero sobre todo poder sufragar importaciones masivas que permitían compensar la disminución de la producción nacional, y además mantener el aparato clientelar y asistencialista que le permitía  ejercer predominio dentro de los sectores populares.

 

Ya en 2.013, para poder reelegirse, el difunto mandatario, tuvo que echar mano a una política de endeudamiento externo masivo, pues los  precios petroleros marcaron un ritmo decreciente y cada vez eran menores los ingresos para poder sostener una maquinaria estadal hipertrofiada y gigantesca, amén de que se habían dilapidado, regañado y malversado los recursos  que hubieran podido formar parte de un fondo de estabilización que auxiliara las finanzas públicas ante la contingencia petrolera desfavorable.

 

Hugo Chávez, falleció en la plenitud de su existencia, sin oportunidad para ver en toda su dimensión el desastre que había fraguado con toda su ambición desmedida de poder perpetuo, y como valor agregado al desastre que apenas mostraba sus primeros signos, le lego el poder a uno de sus lugartenientes con menos capacidad, autoridad y experticia para manejar un país cuya economía y modelo social comenzaba a hacer aguas.

 

Lo demás es historia reciente y presente, el cuestionado e improvisado presidente Nicolás Maduro, ha protagonizado una gestión de gobierno desastrosa, negándose con reticencia y contumacia , y contra el consejo incluso de las personas más sensatas de su sector político, a introducir la medidas, los cambios, las enmiendas y rectificaciones para hacer frente a una economía enferma de diversas patologías entre ellas una galopante inflación, una gigantesca deuda externa e interna, un crónico desabastecimiento de productos básicos, una depreciación galopante de su signo monetario, y un decrecimiento de su producto interno, que se traduce en sufrimientos, en penurias en racionamiento y grandes colas para tratar de obtener los productos de la subsistencia.

 

La mal llamada “revolución Bolivariana “, es hoy una caricatura, una entelequia, un cadáver insepulto, que solo sirve para someter a los venezolanos a sufrimientos y carencias insoportables, sin rumbo ni destino alguno , condenada al colapso por quienes en mala hora fueron escogidos como herederos por el dedo inapelable de Chávez. Sus cada vez más escuálidos, desmoralizados y achicados seguidores, son los primeros que están conscientes de su fracaso y de su inminente fin. La paliza electoral del 6 de diciembre, donde hasta quienes aún tienen que disfrazarse de rojo para mantener un empleo o cualquier otro beneficio, votaran para poner término a este desastre y a este caos,  que ya no justifica su prolongación. Entonces el cadáver de lo que alguna vez fue esperanza para los sectores más desvalidos, comenzara a desprender nauseabundos olores, y habrá en ejercicio piadoso que darle cristiana sepultura.

Rafael Simon Jimenez

Ex parlamentario e historiador
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rafaelsimon57
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