Opinión
Silbando en el Cementerio  
Opinión

 

Omar Barboza Gutiérrez

En días pasados el Presidente Maduro afirmó que el oficialismo ganaría las elecciones parlamentarias “como sea”, lo cual puede tener varias lecturas. La primera, es que está seguro de que a través de elecciones transparentes no es posible que ganen, y como su objetivo principal como Presidente es preservar el poder a cualquier precio, y para lograrlo está dispuesto a utilizarlo para burlar la decisión ya tomada por la gran mayoría del pueblo venezolano de votar por el cambio de la actual situación que vive el país; es decir, cometer cualquier tropelía para aparentar que ganaron cuando realmente tiene perdidas estas elecciones. Lo cual lo coloca a él y a los venezolanos en la situación de tener un Presidente que no está dispuesto a respetar la fuente de poder de los gobernantes legítimos y utilizar como soporte de su poder la trampa y el atropello.

La segunda lectura, es que Maduro con esa afirmación quiera atemorizar y desmotivar a la mayoría que quiere un cambio, trasmitiendo ese mensaje ofensivo a cualquier demócrata  para que se pierda la esperanza en un mejor futuro para Venezuela, que la gente interprete que no hay nada que hacer y se abstenga de votar, que es la única manera de que los seguidores del gobierno tengan posibilidad de ganar.

Pero para esta segunda alternativa, Maduro no toma en cuenta que el pueblo no le tiene miedo, empezando porque no le cree, además de que le nota la desesperación sin maquillaje que lo lleva a expresar una afirmación tan irresponsable como esa de que ganaran como sea, y porque el pueblo también está desesperado, pero por salir lo más pronto posible de la situación que se vive en el país por la mala gestión de Maduro y la cúpula que lo acompaña.

La tercera lectura a esa afirmación infeliz, es que Maduro está tan asustado ante la seguridad de la derrota que le va a propinar el pueblo venezolano el próximo 6 de diciembre, que está imitando al hombre del cuento según el cual todas las noches cuando regresaba de su trabajo para ir a su casa debía pasar por una trocha dentro de un cementerio oscuro, y para disimular el miedo se ponía a silbar mientras las piernas le temblaban.  En este caso la amenaza a los que queremos el cambio es el silbido de Maduro para disimular el miedo ante la inminencia del triunfo de la Unidad.

Lo peor que le puede ocurrir a un gobernante, es no tener la capacidad para reconocer sus errores y rectificarlos a tiempo, o estar sometido a intereses que le impiden esa rectificación porque el objetivo no es servirle al pueblo sino a la macolla minoritaria que se beneficia con los privilegios y placeres del poder visto como un fin en sí mismo y no como un instrumento para el beneficio colectivo.

Cuando se está en el poder de esa manera no es posible comprender que la gente quiere un cambio porque el alto costo de la vida derivado de la inflación es consecuencia directa de la destrucción intencional del valor adquisitivo de nuestra moneda, lo cual se convierte en una estafa al trabajador, a todo el que vive de un sueldo, porque lo recibe en bolívares y tiene los precios dolarizados. Y de esta situación las víctimas más afectadas son los sectores populares, los que menos tienen, aunque todos los venezolanos sufren las negativas consecuencias.

Tampoco un gobernante como Maduro es capaz de aceptar la verdadera causa de la escasez de comida o de medicamentos para poner dos ejemplos muy importantes, porque la verdad es que son producto de la quiebra de la producción nacional por preferir la importación de alimentos a dólares preferenciales mientras en la Venezuela actual los que quieran producir deben hacerlo con costos de dólar libre, o no producir,  porque no pueden competir con los precios  de los productos adquiridos con el dólar oficial que solo lo consiguen los allegados al gobierno. Y además, no se entregan dólares preferenciales para adquirir las materias primas para la fabricación de medicinas que se puedan vender a precios accesibles.

Este tipo de gobernante no entiende porque el pueblo se queja de la inseguridad ciudadana después de haber fracasado más de 20 planes gubernamentales para combatir el delito mientras en las calles quien manda es el hampa y la policía no aparece, y en muchos casos ha sido cómplice de los delitos.

Ni comprenden porque el pueblo no se resigna a la situación que vive mientras la corrupción campea acompañada de impunidad para quienes delinquen en el gobierno con los dineros públicos.

Por todo lo anterior, el cambio político es indetenible, y no es como sea, es con los votos de una gran mayoría que los mandará a silbar en otro cementerio que es el de los políticos que han traicionado los intereses del pueblo venezolano.

Omar Barboza

52 Artículos