Opinión
Sobre el reconocimiento internacional de un potencial gobierno de transición. Por Lauren Caballero.
Opinión

En los últimos días se ha producido un intenso debate en los medios de comunicación y en las redes sociales con respecto a la posibilidad de que el gobierno que surja de las elecciones del veinte de mayo sea o no reconocido por la mayoría de los Estados miembros de la Comunidad Internacional. El debate surge, en primer lugar, producto de las declaraciones hechas por un conjunto de Estados americanos y europeos, los cuales han afirmado que desconocen el proceso electoral del veinte de mayo y, por consiguiente, también desconocerán cualquier gobierno que sea electo en el proceso. El segundo elemento que alimenta el debate, es la participación del candidato Henri Falcón en la contienda electoral.

En el marco de esta diatriba hay una serie de cuestiones que es necesario aclarar para poder llegar a una conclusión práctica:

Primero: la ilegitimidad del gobierno de Nicolás Maduro no tiene sus bases en las elecciones, sino en su actuación ilegal. Esta actuación violatoria de los más elementales preceptos del derecho le ha costado la pérdida de apoyo de los gobernados. En este contexto, no hay mecanismo que pueda legitimar de ninguna forma al actual gobierno. De tal manera que, lo que no reconocería la Comunidad Internacional, sería la reelección de Maduro apelando a mecanismos fraudulentos.

Segundo: no existe base teórica en el derecho internacional que sustente la postura de los gobiernos que han declarado que no reconocerán el proceso electoral del mes que viene. Por el contrario, uno de los principios fundamentales del derecho internacional es el respeto a la soberanía y la no intervención en los asuntos internos de los Estados (art. 15 Carta de la OEA).

Tercero: en el derecho internacional existen una serie de “tesis” que han sido esgrimidas a lo largo de la historia por diferentes Estados para reconocer o no reconocer a un determinado gobierno.

Entre ellas, las más importantes:

a)      Doctrina Jefferson: básicamente establecía que los Estados Unidos de Norteamérica no se opondrían al establecimiento de gobiernos que tengan el consentimiento de los gobernados.  Es esgrimida en 1792 por el Secretario de Estado, Thomas Jefferson, para explicar la posición de EEUU frente a los acontecimientos ocurridos en Francia producto de la Revolución.

b)       Doctrina Tobar: esgrimida por el canciller de Ecuador en el año 1906, lo que establece es que los Estados americanos se deben abstener de reconocer cualquier gobierno de facto. Pero también es una doctrina que supone la intervención en los asuntos internos de aquellos países en los cuales se ha roto el hilo constitucional y se ha instalado un gobierno contrario a los principios constitucionales de dicho país, ya que el no reconocimiento de un gobierno implica la intervención en los asuntos del mismo.

c)       Doctrina Estrada: elaborada por el Secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Genaro Estrada, lo que establecía era que México no se pronunciaría con respecto al surgimiento de ningún gobierno, bien que este fuera producto de la voluntad popular o el desenlace de una revolución, ya que el pronunciamiento de por sí era una intromisión en los asuntos internos de otros estados. Cuando México no reconocía el surgimiento de un nuevo gobierno simplemente se limitaba a retirar su representación diplomática en dicho Estado.

Ninguna de las tesis anteriores hace referencia al reconocimiento o desconocimiento anticipado de resultados electorales.

Cuarto: el principal problema de Venezuela es la presencia en el gobierno de una élite corrupta que actúa contrario a derecho. La legitimidad del gobierno que suceda al actual no tendrá su origen en las elecciones del veinte de mayo, sino en su disposición a restablecer el orden democrático y constitucional.

Quinto: la única manera de que Henri Falcón pueda ganar las elecciones, es que el veinte de mayo se produzca una avalancha de votos a su favor. Por consiguiente, si Henri Falcón gana las elecciones es por la voluntad de todo un pueblo que se manifestará masivamente contra la tiranía mediante el voto.

Sexto: una vez que se produzca la derrota del régimen madurista debido a la votación masiva, el nuevo gobierno tendrá una legitimidad de origen cuya base será la voluntad del pueblo y no el proceso electoral en sí mismo. De tal manera que el reconocimiento del nuevo gobierno  por parte de la comunidad internacional no se hará esperar.

Séptimo: el gobierno de Maduro es un problema para la estabilidad y la seguridad internacionales. A los países del hemisferio –los cuales son receptores directos del flujo migratorio de venezolanos que huyen del país por la crisis– les conviene la derrota electoral del gobierno de Maduro más que una salida violenta u otro mecanismo no democrático, ya que otros mecanismos ocasionarían un mayor número de refugiados y el conflicto podría extenderse más allá de las fronteras nacionales.

Octavo: la política internacional tiene su origen en lo que los estadistas llaman “Interés Nacional. Por eso, la mayoría de gobiernos del hemisferio y otras latitudes, incluyendo los que aseguran desconocer las elecciones del veinte de mayo y sus resultados, mantienen relaciones diplomáticas al más alto nivel (embajadores o encargados de negocio) con el gobierno de Nicolás Maduro. Ahora bien, ¿esto le otorga legitimidad al régimen? De ninguna manera! Pregúntese ¿Por qué Panamá, uno de los Estados integrantes del Grupo de Lima intenta normalizar sus relaciones con el actual gobierno en lugar de continuar presionando? Porque su interés nacional le impone tener relaciones con un Estado con el que mantiene un flujo comercial importante para la economía panameña. Aún así, nada de esto legítima al gobierno.

Henri Falcón ha dado muestras de consciencia republicana en varias oportunidades en las cuales ha explicado que su gobierno será de transición y que está dispuesto a reducir el periodo presidencial y a acabar con la reelección indefinida. Un presidente que es electo por la rebeldía de un pueblo que vota masivamente, en condiciones adversas y desiguales, contra un gobierno autoritario, no será desconocido por los gobiernos democráticos del mundo. A Henri Falcón lo asiste la razón en su gesta contra el despotismo, ya que la evidencia histórica demuestra que el voto masivo es un mecanismo efectivo para deponer regímenes autoritarios.

Así pues, fue el voto lo que dio al traste con la dictadura de Pinochet en Chile y derrumbó la autocracia de Milosevic en Yugoslavia. El voto también provocó la transición desde el autoritarismo priista hacia la democracia de partidos en México. Todos los gobiernos que sucedieron a estos regímenes autoritarios fueron reconocidos y celebrados por la comunidad internacional. El gobierno de Henri Falcón no será la excepción.

Dossier 33

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