Opinión
SUICIDIO A PLAZOS por @romanibarra
Opinión

Por: Román Ibarra

@romanibarra

Para: Diario 2001

Todo comenzó para nosotros, como signo inequívoco de la debacle, con la complicidad irresponsable del sobreseimiento otorgado por Caldera a Chávez, borrando su acción cobarde y criminal del 4F-92.

Varias veces he dicho, y sostengo que por mucho menos de lo que hizo el golpista Chávez aquí en Venezuela, las instituciones españolas pusieron tras las rejas con una condena de 30 años a otro golpista cobarde, como Antonio Tejero, acto en el cual por cierto, no hubo la cantidad de muertos que se produjeron aquí,  por los que nadie pagó condena.

Vimos con estupor que el segundo gobierno de Caldera, lejos de promover desarrollo y estabilidad al país, produjo gran desequilibrio y una crisis financiera, de la que hoy seguimos siendo víctimas, esta vez, bajo la peor conducción posible en manos del comunismo ignorante, corrompido, y cruel.

Luego, casi todo ha sido la comisión de errores garrafales que nos sitúan en nuestra peor condición histórica, para vergüenza de nuestros ciudadanos, y para el concierto de países en el mundo entero, quienes ven con asombro como en nuestra tierra se hace todo para la destrucción de una nación que estaba llamada a ser de las mejores del mundo por sus condiciones naturales.

Después del innecesario segundo gobierno de Caldera, nos cayó la plaga más grande con el gobierno de Chávez, quien con su actitud pendenciera y acomplejada, procedió a secuestrar las instituciones de la democracia para ponerlas a su servicio, incluyendo a la Fuerza Armada a la que convirtió en su partido privado, hundiéndola en el descrédito y repudio de toda la ciudadanía. Todo ello, acompañado con errores muy importantes de la oposición que no termina de aprender a enviar señales coherentes.

La plaza Altamira; la huelga petrolera; el paro indefinido; el Carmonazo (2002); el abandono del parlamento (2005); las guarimbas (2014); las guarimbas, trancazos, y resistencia (2017), y de inmediato asumir la lucha electoral –a regañadientes-, son señales equívocas, muy confusas que no contribuyen a la racionalidad.

Por si fuera poco, sumado al fraude antes, durante, y después de las elecciones de gobernadores perpetrado por el gobierno y sus secuaces del CNE, la oposición persiste en el yerro, y ahora se acusan mutuamente de traiciones e inconsecuencias.

No tienen derecho los gobernadores adecos a juramentarse ante la ilegal ANC, sin que ello fuera discutido en el seno de la MUD. Tampoco tiene derecho Capriles a declarar unilateralmente que la lucha electoral perdió vigencia, ni vetar a nadie; ni Voluntad Popular a retirarse de las elecciones de Alcaldes, ni otros dirigentes a hacer campaña desleal contra las elecciones llamando a la abstención, sin discutirlo con nadie. En fin, la MUD no es propiedad de nadie en particular, y para que haya coherencia y respeto por el ciudadano de a pie, todas las decisiones tienen que ser tomadas en el seno de la organización.

Hoy reina la confusión y la desmoralización en la gente que ha respaldado los esfuerzos por derrotar al peor gobierno de mundo.

Es urgente discutir sinceramente para determinar si la oposición debe mantenerse unida, o si por el contrario, llegó la hora de deslindarse y abrir opciones que se identifiquen por intereses ideológicos.

Es un grave error que se le haya dado chance al gobierno para seguir destruyendo al país, con el envío de mensajes incoherentes que alejan el acompañamiento del pueblo, manifestado en la alta abstención y desmovilización del 15-O.

También es lamentable que haya privado el interés partidista, por encima de los intereses del país. Maduro se ríe; esto es un suicidio a plazos!

 

Roman Ibarra

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