Opinión
Sus razones tendrán
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Así es la vida, cosas por las que uno no deja de asombrarse. De buenas a primeras suena como una temible amenaza: será el primero en lanzarse a la calle si la derecha toma la Asamblea. Y dicho esto por el mismísimo presidente de la República, palabras acompañadas con mirada enfurecida y voz tonante, suena como mucho. Es natural que, al menos en las primeras de cambio, cualquiera se sobresalte cuando lo escucha. Porque eso de llamar  “la derecha” a una mayoría parlamentaria que estaría recién elegida no parece de lo más considerado ni da muestras de gran talante democrático. Y si además, sin ton ni son, la acusa de tomar la Asamblea cual montonera a caballo y pistola en mano, como en la época de los Monagas, uno, como ciudadano común y corriente, se preocupa porque no sabe qué puede pasar si gana la oposición.

Claro, así las cosas, uno esperaría una declaración de los rectores del CNE como árbitros imparciales: una tarjeta amarilla, una amonestación o cuando menos un pitazo de alerta. Pero ellos, como si oyeran llover; ni un llamado de atención, ni un jaloncito de orejas, nada de nada, como si tal cosa. Y yo que desde niño fui acostumbrado a pensar bien de la gente, me pregunto por qué y les otorgo el beneficio de la duda: ¿será que no leen la prensa, no escuchan ni ven la televisión?, lo cual, según como están las cosas en el país, es algo muy comprensible y recomendable para la salud mental y física. ¿Será que además no tienen parientes, amigos o aunque sea algún conocido que les informe de lo que se dijo y quién lo dijo? No sé, es que uno, con esa manía de querer entenderlo todo, no puede menos que extrañarse al ver que estos mismos representantes del Poder Electoral, tan susceptibles cuando habla alguien de la oposición, ahora no dicen ni esta boca es mía. Pero siguiendo en la onda de pensar bien, ¿será que, al contrario de lo que uno creería en primera instancia –por tratarse de quien se trata–, piensan que el asunto no merece prestarle la menor atención? En fin, ya sabemos que, como tantas otras veces, sus palabras se las lleva el viento. Vamos, no es para tanto: él también es un ser humano. Hay que entender; un arrebato lo tiene cualquiera, sobre todo alguien con la responsabilidad sobre sus hombros de conducir un país desbordado por los problemas. Ya tiene suficiente, no vamos nosotros ahora también a cargarle la mano. ¿Será esto lo que pensaron los representantes del órgano electoral? Y así, a poco de que me recupero de la perturbación inicial –aunque no quiero pasar por ingenuo, pero empeñado siempre en pensar bien de la gente–, digo que si a los rectores no les pareció que hubiera nada de qué preocuparse en las palabras del presidente, sus razones tendrán.

Y luego, ya más sosegado, recapacito y me imagino la escena en que el hombre, al saber que perdió las elecciones, se lanza a la calle, bien custodiado por unos cuantos guardaespaldas, rodeado de los pocos enchufados de siempre y de uno que otro revolucionario nostálgico. Y después de dar unas vuelticas alrededor del palacio y ver que nadie le para ni medio, cae en cuenta de que los tiempos no son los de antes, de que la historia desgastante e inexorable ya  le pasó por encima, de que la revolución ya no es una razón de vida para nadie sino este sostén anémico en el que se ha convertido, de que el futuro se les fue de las manos. Y mientras tanto, Venezuela entera celebra que ha empezado el cambio.

Entonces, concluyo que tal vez tengan razón los rectores, que en realidad no hay motivo por el cual preocuparnos demasiado y que más bien, sin distracciones y con mayor ahínco, debemos dedicarnos a la campaña electoral. Contra una mayoría aplastante no hay amenaza que valga. El cambio viene. Vamos a ocuparnos de que así sea.

Fernando Martinez Mottola

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@martinezmottola
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