Opinión
Teodoro y Tal Cual
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Como si no fuera suficiente haber logrado amordazar a buena parte de los medios de comunicación vía la censura comprada o la autocensura, como si no bastara con el uso abusivo de las cadenas de televisión para invadir groseramente las pantallas, como si no les colmara amedrentar a los periodistas, camarógrafos y ayudantes de los medios internacionales que cubren el país; ahora los jerarcas rojos la emprenden contra el diario Tal Cual, su director Teodoro Petkoff y la junta directiva de la empresa, con una rocambolesca demanda plagada de irregularidades que iluminan con luces de neón la burda patraña del intento. ¿A alguien puede sorprender que sea el presidente de la AN, el encargado de la factura y su puesta en marcha? ¿Quién sí no? Sorprende, eso sí, la ingenua pretensión de acallar a alguien que se ha caracterizado por una recia disposición para el debate público a través de su polifacética actividad política.

Teodoro ha sido un referente de la vida política venezolana, fundador junto a Pompeyo Márquez -la lista de los otros cofundadores es larga- de uno de los proyectos políticos más originales y prometedores que tuvo el país: el MAS. Ha tenido la rara capacidad de combinar una disposición para desarrollar un pensamiento práctico que inspiró una nueva manera de concebir la izquierda y las labores de la militancia partidista. Uno de sus libros: Checoslovaquia: El socialismo como problema (1969) fue una obra que desde la óptica de la izquierda -en plena guerra fría- razonó sobre las perversiones que corroían la quimera comunista, haciendo un llamado a deslindar la lucha por la justicia social de la ortodoxia marxista-leninista soviética. Le valió la excomunión del Kremlin y sus acólitos. Hoy tal empeño luce arqueológico -el muro de Berlín cayó hace 25 años- pero como en las sagas faraónicas de Hollywood, las momias siempre regresan para recordarnos que el pasado es persistente. Basta con darse una vuelta por Miraflores para cerciorase.

El MAS no fue lo que pudo haber sido y cada quien elaboró supost mortem particular. A las luchas  internas zoológicas que lo fueron extenuando, siguió una diáspora de militantes hacia propósitos más plausibles de ser realizados. Artistas plásticos, dirigentes sindicales, profesionales, escritores, dramaturgos, trabajadores, cineastas, publicistas, actores, politólogos,  reconocidos profesores universitarios en el país y en el extranjero, en algún momento estuvieron ligados al proyecto masista o portaron un carné naranja en la cartera. Faltó el suficiente afecto electoral para que la empresa cuajara.

Teodoro tuvo luego una pasantía controvertida en el segundo gobierno de Caldera, preludio del derrumbe de la IV República. Cuando él y Pompeyo renunciaron al partido que habían creado -por el apoyo que su Dirección Nacional diera a Chávez- se convirtieron inmediatamente en las cabezas visibles de la crítica que desde la izquierda se le hacía al chavismo emergente. Todavía muchos estaban embrujados por la personalidad del exmilitar golpista.

A la manera de los viejos luchadores sociales del siglo XIX, que se equipaban de una imprenta para producir algunas hojas impresas y registrar los aconteceres de las luchas obreras, emprendió, ya sin partido, la tarea de poner en marcha un periódico para denunciar la deriva autoritaria del chavismo y los nefastos resultados de su gestión económica. Pocos, entonces, pensaron que tendría éxito. Y, sin embargo, hoy el poder desquiciado y represivo se lo quiere arrebatar.

Ha sido uno de esos personajes que se confunden con su leyenda, que se exponen por lo que creen y pueden reconocer con el mismo valor que estaban errados. (Cualquier reseña de su recorrido vital recordará, al lado de su empresa intelectual y política, sus cinematográficas evasiones de los centros de detención a los que fue confinado. En aquellos tiempos, los perseguidos políticos no se entregaban, se fugaban). La modestia de sus costumbres contrasta con la escandalosa ostentación del poder que hacen quienes hoy lo quieren acallar, paradójicamente, a nombre de un socialismo del Siglo XXI que no es más que un espantapájaros de paja relleno con dólares y la cabeza vacía de ideas.

Nuestra solidaridad con Teodoro y Tal Cual, es una manera de rendirle homenaje a tantas hojas escritas que han sido incineradas y a las imprentas que han sido confiscadas por la barbarie autoritaria en su lucha contra la libertad. Y también una forma de decirle: ¡Sí podemos!

Jean Maninat

Lector y amigo de sus amigos.
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