Opinión
Todo tiene su después, todo tiene su final
Opinión

Estaba en el ambiente. Lo sabía la esperanzada gente de la oposición (80% de la población), y lo temía el aterrorizado gobierno: la Toma de Caracas iba a ser la más contundente y descomunal demostración del repudio racional y emocional que los venezolanos sentimos por Maduro y su gobierno.

Los líderes de la oposición, congregados en la Mesa de la Unidad Democrática, leyeron muy bien ese sentimiento nacional y se esmeraron en conducir la insatisfacción y el hastío de todos los sectores a una protesta general pacífica y constitucional, para que todo transcurriera como sucedió.

Hubo la sintonía que se necesitaba entre la dirección política y el deseo de la gente de tomar las calles y gritar, como una sola, los millones de voces de protesta, de indignación, por la deplorable calidad de vida en la que el proyecto chavista ha sumergido a Venezuela.

Todos queremos calle para reclamar nuestros derechos y expresar el descontento con el lamentable estado de nuestro país.

Los gobiernos chavistas no han cesado en su empeño por bloquear estas protestas y cerrar las calles a la gente que se le opone. Sin embargo, desde sus posiciones de privilegio, toman los espacios públicos todos los días con sus bandas armadas, con los cuerpos de seguridad del Estado a su servicio, y en sus actos proselitistas, a los que arrastran gente con el humillante soborno de la ilusión del empleo y de la comida.

La Toma de Caracas no terminó a las 2:00 de la tarde del 1º de setiembre.

La primera muestra de su efecto ocurrió el mismísimo día siguiente. En un acto de generación espontánea, los pobladores de la urbanización Villa Rosa, en Margarita, probablemente despojados del miedo por lo que habían visto ocurrir el día anterior en la capital, aprovecharon la presencia de Maduro en sus calles isleñas para echarlo a empellones de sus predios. Una comunidad hasta hace poco mayoritariamente chavista ahora también los rechaza. Fue lo que dijeron.

La pregunta que ahora se estarán haciendo Maduro y los suyos, y que les eleva el termómetro del miedo a altísimas temperaturas, es: “¿Cuántas Villas Rosa están esperándonos en todos los rincones del país para aplicarnos la misma medicina?”. No sería para nada extraño que uno de estos días se consigan con otras Villas Rosa hasta en las propias sedes del PSUV.

La MUD anunció la serie de actividades programadas para darle continuidad a la Toma de Caracas. Es un hecho indiscutible que los venezolanos estamos resteados con la calle, que vamos a ir nuevamente a donde haya que ir para lograr que el referéndum revocatorio contra Maduro sea realizado este año 2016.

Así como de nada valieron las alcabalas, el cierre de avenidas y puentes, estaciones de Metro y otras estrategias típicas de quienes gobiernan para evitar que más de 1.100.000 venezolanos protagonizara la apoteósica Toma de Caracas, tampoco servirá de nada lo que pretendan hacer para doblegar a un pueblo que es rebelde y pacífico en su esencia, porque durante muchos años se alimentó de la saludable leche de la democracia, que fortaleció su mente, su coraje y su sentido de libertad.

Además de la represión y de la amenaza continua contra los opositores, el chavismo utiliza recursos retóricos para hacernos creer que no importa lo que hagamos, siempre vamos a fracasar. Prueba de esta aberración contra toda objetividad posible, la vimos el jueves pasado, cuando desde la avenida Bolívar, tuvieron la desvergüenza de afirmar que la oposición había concentrado apenas 30.000 almas en la Toma de Caracas de ese día.

Inquieta no conocer con precisión qué es lo que viene después. Se entiende. Mucho más cuando el entorno en que vivimos es tan amenazante, en especial porque el gobierno tiene en sus manos las armas de la violencia y de la represión. Y las usa.

Pero, por otro lado, tranquiliza saber que todo tiene su después, que según Willie Colón y Héctor Lavoe, todo tiene su final, nada dura para siempre.