Opinión
Un carnaval llamado Milan Kundera
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En la historia del arte, un buen número de virtuosos se ha dedicado a desarrollar una teoría en torno a la labor que realizan. El “checoslovaco” Milan Kundera ha sido uno de ellos. Muchos son los debates sobre los cambios ocurridos en los tiempos actuales en las distintas manifestaciones culturales. En el ámbito político, por ejemplo, Kundera es un crítico de los totalitarismos. Particularmente le tocó vivir la invasión de la Ex-Unión Soviética a su país y sufrir personalmente las consecuencias de la persecución e intolerancia política.

Sus primeras obras van a estar muy condicionadas por elementos políticos, cuyo eje central es la crítica a los regímenes totalitarios y cómo se ven afectados los personajes de la novela, desde la forma de plantearse aspectos elementales de la existencia, hasta la manera de vinculación interpersonal de la gente. En «La broma» (1967), un personaje quiere impresionar a la joven con la cual galantea y escribe en una postal “para herirla, asombrarla y confundirla: ¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez. ¡Viva Trotski! Ludvik”. El gesto, pilar fundamental de esta novela, le cuesta caro. Tiene que pagar con la pérdida de su libertad la supuesta arremetida contra el régimen. El personaje es denunciado por la propia joven con la cual mantiene una relación afectiva. Kundera es meticuloso cuando narra la forma en que es vejado por gendarmes adolescentes encargados de su custodia. El contenido es genialmente tejido. Una crítica al totalitarismo imperante en su vida, pero particularmente cómo afecta la conducta de las personas con las cuales se vincula.

«La insoportable levedad del ser» (1984), su libro comercialmente más exitoso, combina el erotismo y la seducción de Tomás con las vicisitudes que tiene que pasar. Se trata de un médico exitoso quien, a raíz de una declaración política escrita, es despojado de su cargo y debe trabajar como limpiador de ventanas. El libro tiene una atmósfera filosófica que toma el tema del ser. Nietzsche es uno de los filósofos que componen la estructura de la obra. No es casual que sea precisamente Nietzsche, el filósofo “punta de lanza” de la contemporaneidad, el señalado por Kundera para desarrollar sus pensamientos: “La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡Pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?”.

Hay un giro importante en su obra, donde se conjuga lo filosófico, lo erótico, con mucho más peso que en sus trabajos anteriores y lo político está entremezclado con todos estos elementos, adquiriendo quizá una relevancia similar; o al menos determinando los acontecimientos de los personajes, como marco histórico referencial.

Quizá sea «La inmortalidad» (1989), lo mejor de toda su producción literaria. A partir del gesto encantador de una mujer de cierta edad, el escritor desarrolla un extraordinario volumen de más de 400 páginas en donde entrelaza la trama de múltiples personajes pertenecientes a distintas épocas históricas. Para el muy singular profesor Avenarius, por ejemplo, el mundo de hoy no sirve como objeto de juego. En este libro, Kundera ya no plantea el elemento político como parte de la obra. Plantea la exacerbación colectiva del culto a la imagen en la sociedad actual, y todo el texto está enmarcado en un sentido lúdico acerca del arte y el artista. El texto comienza de esta singular forma: “Aquella señora podía tener sesenta, setenta y cinco años. Yo la miraba mientras estaba acostado en una camilla frente a la piscina de un club de gimnasia situado en la planta de un edificio moderno, desde donde se ve, a través de unas grandes ventanas, todo París. Se iba, en bañador, dando la vuelta a la piscina. Pasó junto al instructor y cuando estaba a unos tres o cuatro pasos de distancia, volvió hacia él la cabeza, sonrió, e hizo con el brazo un gesto de despedida. ¡En ese momento se me encogió el corazón! ¡Aquella sonrisa y aquel gesto pertenecían a una mujer de veinte años! Su brazo se elevó en el aire con encantadora ligereza. Era como si lanzara al aire un balón de colores para jugar con su amante. Aquella sonrisa y aquel gesto tenían encanto y elegancia, mientras que el rostro y el cuerpo ya no tenían encanto alguno”.

Desde este trabajo, Kundera va a cambiar de manera ostensible. Son otros los temas y las situaciones que nos presenta. Son otros los conflictos de los personajes. Ya no existe una crítica a la pretensión del progreso. Ahora se pasea minuciosamente por la estética y los problemas del mundo actual. El escritor que era en 1967 ha quedado muy atrás. Sus temas son los temas de la contemporaneidad.

Cada vez que puedo, me adentro en la obra del genio literario Milan Kundera, quien a través de sus personajes, nos muestra las distintas máscaras del hombre en sociedad.

@perezlopresti

Alirio Perez Lo Presti

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