Opinión
Un modelo fracasado, una economía enferma
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La inspiración en ideologías anacrónicas, la puesta en práctica de un modelo económico fracasado donde quiera que trato de imponerse, y un componente endógeno de crasa incompetencia e inigualable corrupción, han llevado a Venezuela a la ruina productiva y el hambre material para su población, con un gobierno que impresionado por los efectos de su propia  destrucción, se cruza de brazos, incapaz de tomar medidas que puedan al menos aliviar la tragedia que a diario viven los venezolanos.

Los efectos patológicos y mórbidos, de la política económica del régimen, se expresan en carencias elementales para la población, atenazada  entre una inflación galopante y un desabastecimiento creciente, que golpea con mayor énfasis a los que menos tienen. Pero además genera unos subproductos perversos que incrementan sufrimientos colectivos y que aceleran la rapiña en las ya exhaustas finanzas públicas nacionales.

Mantener por ejemplo un dólar anclado en una tasa cambiaria de 6.30 bolívares, al que solo tienen acceso los validos del régimen, o quienes se someten a mil y una forma de corrupción alrededor de un esquema que por irreal representa fabulosas ganancias para quienes pueden obtenerlo, es una forma estructural de corrupción y  depredación, que por lo demás golpea y saca de toda posibilidad de competencia a los ya maltrechos productores nacionales, impotentes de competir con importaciones masivas de productos subsidiados por el abismal diferencial cambiario que además estimulan un imparable contrabando de extracción.

La segunda perversión  harto conocida, y que el gobierno se niega tercamente a corregir, es la que tiene que ver con el precio de los hidrocarburos en el mercado interno, que convierte la comercialización de la gasolina vía países vecinos, en un negocio mil veces superior al de la droga o el banqueo de capitales, tráfico ilegal del que los detallistas o “pimpineros “ son solo chivos expiatorios, de un negocio mil millonario que todo el mundo sabe que se alumbra con muchos “soles “. Luego de una costosa y atosigante campaña publicitaria donde el mismo gobierno demostraba la irracionalidad del precio interno de la gasolina, de repente todo quedo en un limbo mientras a diario el contrabando sigue generando grandes ingresos a las mafias que lo administran.

El llamado “bachaqueo “contra el que el gobierno anuncia una guerra sin cuartel, es también un subproducto lógico de una política económica disparatada y destructiva. La falta de producción Nacional, los altos índices de desabastecimiento, las masivas importaciones que distorsionan el precio real de los productos, las largas colas a las puertas de establecimientos que racionan los pocos productos de sus anaqueles, tienen necesariamente que generar aquí o en cualquier país del mundo un mercado negro, que aquí ha sido bautizado con el nombre vernáculo de “bachaqueo “.

La verdadera “tapa del frasco “de los efectos nocivos de la política económica oficial, la constituye la comercialización en la frontera colombiana, de los billetes venezolanos de alta denominación que son adquiridos a un 30 o 40% por encima de su valor, y que en el fondo solo rebelan la vergonzosa devaluación de nuestro signo monetario, cuya depreciación  cotidiana frente al peso colombiano genera este tipo de negocios. No es con más controles, ni con amenazas o medidas represivas como podrán corregirse las variadas patologías generadas por un modelo económico destructivo, ruinoso y rapaz. La verdadera solución está en un cambio de modelo, que es lo mismo que decir en un cambio de gobierno.

Rafael Simon Jimenez

Ex parlamentario e historiador
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rafaelsimon57
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