Opinión
Un país a la deriva
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En medio de la más grave crisis de toda su historia, y con grandes  padecimientos colectivos que hacen insufrible la vida de los venezolanos, El País brinda la angustiosa sensación de marchar a la deriva, sin rumbo, conducción o manejo por parte de quienes en mala hora heredaron un poder para cuyo desempeño no tenían la autoridad, la destreza ni la probidad mínima para enfrentar un panorama que ya entonces se presentaba preocupante y sombrío.

 

Sin embargo un elemental sentido de responsabilidad y seriedad, obligaban a los herederos fortuitos del gobierno, a adoptar medidas que permitieran confrontar los graves desequilibrios y el pronunciado déficit, que deterioraban la economía y la situación social a niveles preocupantes. Era urgente atender el problema monetario, cambiario, presupuestario y fiscal, que colocaba a Venezuela a las puertas de la denominada “tormenta perfecta “es decir una siniestra convergencia de inflación, estancamiento económico, desabastecimiento y especulación cuyos efectos erosivos terminarían por sumir en la pobreza y la pérdida de calidad de vida a los sectores trabajadores del País.

 

Era necesario además, revisar el modelo económico, y reformularlo en la dirección de estimular la reactivación y el relanzamiento del aparato productivo, sin cuya condición Venezuela se haría cada vez más dependiente de las importaciones en un momento donde la mengua de los precios del petróleo amenazaba el nivel de nuestras reservas internacionales. Estos cambios no deberían obedecer a esquemas de política económica ideologizados, no se trataba de pasar de un asfixiante capitalismo de estado a un modelo neoliberal, sino simplemente y con una visión pragmática aplicar la máxima que catapulto la economía China bajo la dirección de Deng Xiao Ping “no importa si el gato es negro o blanco , lo importante es que case ratones “, es decir no existen modelos preconcebidos sino políticas que den resultados en la dirección de asegurar el crecimiento de la economía y la satisfacción de las necesidades básicas de los venezolanos.

 

A pesar de que algunas voces sensatas del gobierno, presentaron propuestas de reformulación y cambios en la dirección equivocada por la que se desbarrancaba la economía venezolana, arrastrando a millones de compatriotas a la pobreza, fueron desatendidas y dejadas a un lado, utilizando argumentos seudo ideológicos, y encerrándose en disparatados y fracasados  esquemas ideológicos que se han mostrado inviable y que han conducido al colapso en todas las latitudes donde pudieron ponerse en práctica , incluyendo Venezuela.

 

Se optó por la peor y la más deplorable de las posiciones, la de no hacer nada, la de dejar hacer y dejar pasar, la de correr la arruga, a la espera azarosa de un  nuevo ciclo de altos precios petroleros, hartamente improbable en el panorama energético mundial. Las consecuencias están a la vista, hoy los venezolanos vivimos en medio de un caos económico, que atenaza nuestra vida cotidiana: una inflación indetenible, un deterioro absoluto del salario y el poder adquisitivo, un creciente desabastecimiento, y sus perniciosas secuelas: contrabando, bachaqueo, especulación y acaparamiento de productos, y una devaluación vergonzoso de nuestro signo monetario que ofende el nombre de nuestro padre libertador.

 

Todo el mundo sabe que quienes desempeñan el gobierno, encabezados por el propio Presidente de la Republica, no tienen la formación, la experticia, el conocimiento para el desempeño de la conducción del estado, menos aún en los difíciles momentos que atraviesa Venezuela, pero lo que asombra es su inacción, su insensibilidad, su falta de oficio o diligencia, para adoptar cualquier tipo de medida frente a la emergencia económica y social que se vive. Parecen jugar deliberadamente al caos y al colapso, propiciar mediante la ausencia de iniciativas  cualquiera que ellas sean, el desbarajuste, quien sabe con qué fines inconfesables. Lo peor y más paradójico de esta insensata actitud, es que quienes más sufren y padecen las consecuencias de su irresponsabilidad son precisamente los sectores más pobres y desvalidos de la sociedad, que es precisamente donde el chavismo ha concentrado sus mayores lealtades electorales.

La angustia, el desconcierto, el desasosiego y la incertidumbre, presiden hoy la vida de todos los venezolanos – chavistas y anti-chavistas – por igual, el país vive una sensación de hundirse cada día mas en los padecimientos y la desesperanza, como una nave sin conductor y a velocidad astronómica que se desliza por un interminable abismo, Venezuela sin solución a la vista parece preguntarse ¿Y DONDE ESTA EL PILOTO?

Rafael Simon Jimenez

Ex parlamentario e historiador
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rafaelsimon57
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