Opinión
Vencedores y vencidos
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En la mañana visité a una amiga que dio a luz a un robusto niño y en la tarde acudí al entierro de un viejo amigo. Las dos cosas el mismo día. ¿Cómo no interpretar que existe un carácter pendular en todo lo que acontece? Unas veces estamos bien y otras veces estamos mal y nuestro rol suele variar dependiendo de las circunstancias. ¿Acaso la vida no es sino el intento por rebelarnos ante los cambios propios de la existencia, que en realidad son una repetición de ciclos que van mudando de sitio conforme avanza el tiempo?
Unas veces nos favorecen las circunstancias y en otras las tenemos en contra. Cada etapa de nuestras vidas pareciera que ocurriese en lapsos perfectamente delimitados, independientemente de que sean buenos o nos desfavorezcan. Desde la manera como tratamos de ordenar la historia de lo que nos pasa cada día, hasta las desventuras que nos acosan, a ambos extremos pareciera que le adjudicamos un orden preciso, cuando en realidad ese orden tal vez ni siquiera existe. Lo que sí existe es la necesidad ineludible de delimitar lo que nos pasa, hacer que parezca ordenado o tratar de crear un equilibrio en nuestra conciencia.
Existe es una secuencia continua de cambios progresivos que deriva en otros que a su vez derivan en otros y así hasta el fin de nuestras vidas. La necesidad de orden mental nos lleva a pensar de manera estructurada, delimitada con limpidez y alejada del caos. Si el desorden nos embarga nos confundiríamos sin remedio.
Para muchos, en su imaginario, la vida se desarrolla como una especie de telenovela en donde existe un inicio claro y un capítulo final. Tal cosa, por supuesto, es ajena a la vida y pensar de esa manera tal vez sea inevitable pero conduce a las más crueles decepciones. Cuando en los cuentos infantiles se termina en matrimonio o beso de los amados, en realidad es el inicio del asunto, el preludio de lo áspero. A veces las historias más duras comienzan cuando pensamos que están finalizando.
Existe el ciclo de lo natural: Primavera, verano, otoño, invierno, estación de lluvia y estación de sequía. Tal vez anclado en estos fundamentos propios de lo repetitivo, Nietzsche formula la tesis del eterno retorno. ¿Acaso un talante demencial de ver la existencia? ¿O simple sentido común? La idea de que haya de repetirse todo tal como ya se ha vivido y que incluso esa repetición ha de ser hasta el infinito ¿No es acaso una manera de ver la vida en forma misteriosa y extraña?
Es probable que no haya nada nuevo bajo el sol, solo una eterna repetición de lugares comunes, unos oscuros y otros luminosos. El caso más pragmático y tangible de asumir que las cosas funcionan como un continuo que no se detiene, tal vez sea el carácter grupal en su manera más palmaria de entender: La vida en sociedad. Los más crueles tiranos han existido y seguirán existiendo y las más duras batallas se han dado y se seguirán dando. Lo que cambia es el tiempo y el lugar donde han ocurrido las mismas cosas o casi las mismas.
Lo social no va de la mano con las telenovelas en el sentido de que exista un capítulo de inicio y un final, sencillamente porque la vida en sociedad no funciona de esa manera. Los cambios propios de las dinámicas sociales llevan a otros cambios, cada uno sobrepasando nuestra capacidad de adaptarnos a los mismos y complicando nuestra posibilidad de interpretarlos. Cada cambio induce a que potencialmente perdamos la paciencia como individuos y desequilibre la brújula que nos suele orientar.
Nos cuesta mucho entender la realidad que vivimos porque por una parte estamos sumidos en ella y por otra nos enceguecen nuestras emociones. La distancia y el tiempo suelen aclarar las cosas, pero no queremos que se nos vaya la vida esperando que las cosas se den. Lo cierto es que los acontecimientos ocurren a pesar de cómo nos gustaría que ocurriesen y en general una cosa son las ideas y otra muy distinta la realidad.
Todo esto que asomo deriva en el día a día de la dinámica de nuestro país que pareciera un interminable laberinto de luchas a las cuales a veces asumimos como victorias y otras como derrotas cuando la vida es siempre lucha ininterrumpida hasta el último suspiro. No entender que la vida es lucha es no haber comprendido la naturaleza propia de vivir. En un ininterrumpido continuum que va de un acontecimiento a otro sin pausas, cada ser humano va construyendo cada uno de sus días e induce que su vida se canalice por una deriva.
La vida es una lucha ininterrumpida sin final y voltear la mirada a esta realidad es una manera de negar la propia existencia. Tarde o temprano a cada uno la realidad lo ha de alcanzar y atrapar. Por eso creo que la única manera de desafiar la desesperanza es vivir bajo la premisa de que se vive para luchar y una vida sin batalla es tan estéril como vacía. Cada amanecer es una nueva oportunidad para afrontar aquello que nos desagrada y tratar de que el mundo no sea peor de lo que ya es. Todavía así lo creo.
@perezlo

Alirio Perez Lo Presti

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