Opinión
“Venezuela está naciendo”, por Virginia López
Opinión

A lo largo de estos  años, especialmente cuando la oposición ha creído que por la presión ejercida ante el gobierno, éste va a ceder y se vislumbra un cambio, he escuchado a muchos decir que “Venezuela está pariendo” o también “Venezuela está naciendo”. Sin duda, el símil es válido cuando pensamos en el dolor y sufrimiento que esta lucha ha  conllevado. Si nos enfocamos en el trabajo del parto, nuestra percepción se dirige a los dos protagonistas del proceso como si eso sólo fuese suficiente o lo único, descartando a los otros participantes como el equipo de obstetricia y pediatría, o el lugar del evento, donde la mayoría desea que sea el más idóneo posible para garantizar tanto la vida de la madre como la de ese bebé que acaba de nacer.  También, con una frecuencia mayor a la que uno esperaría después de 18 años “de parto” muchos opositores piensan que “para qué elecciones”, “dictadura no sale con votos”, “sólo la calle es la salida”, “La MUDa”, “La MUD no sirve, son todos unos incapaces”,  “El pueblo es el que manda, aquí no hay nada que negociar”, “¿De qué ha servido el diálogo? Aquí no hay nada que dialogar”, “Si negocian, son unos vendidos”, “Calle, calle, calle”.  Los leo y escucho, y me pregunto: ¿Qué no veo de una situación que vivimos todos, los que estamos aquí, y desde la empatía y hasta la frustración, por estar afuera, la mayoría de los venezolanos en el exterior?

Sin tomar en cuenta de quiénes vienen estas aseveraciones, ni de las  intenciones cuando estás son despectivas, y partiendo más bien de la buena fe, aquella con la que muchos vemos este “parto” y queremos contribuir, es innegable que esas intenciones tienen un eco importante en nuestra actitud y conducta como oposición,  nos distrae y debilita en una pelea interna infructuosa, ya que unos están a favor y otros en contra en cuanto a lo que hay que hacer y qué determinará una solución o la salida de esta dictadura.  Pero sobre todo, ha sido y es una pelea interna extemporánea frente a lo que tiene que ser nuestra posición. Esta debilidad pasa por el hecho de que en muchos casos confundimos estrategias, donde todas son necesarias y cada una tiene su momento, con lo que es este hecho en sí, impidiéndonos ver el panorama en su totalidad, de ahí, muchos errores que hemos cometido, y alerto, podemos seguir cometiendo, en esta lucha contra un régimen totalitario.

Tal como lo veo, más que un parto, se trata de un divorcio. Los partos tienen un canal por donde el niño sale, y se va abriendo en la medida en que el niño presiona y la madre puja. De ahí nuestra frustración cada vez que, a pesar de nuestro inmenso esfuerzo y las vidas apagadas en ese tránsito, el gobierno sigue manteniéndose en el poder, y en algunos casos hasta es quien ha salido fortalecido. Si el parto se complica, se hace una cesárea, y es un proceso que no dura más de 24-48 horas. Más de ese tiempo, puede implicar la muerte; de ahí nuestra necesidad de inmediatez, de buscar una salida expedita, sin contemplaciones,  que nos permita “salir lo más rápido de esto”. No la ha habido ni la hay porque es un proceso distinto, porque son soluciones vistas sin contemplar todo el escenario, soluciones vistas desde el tiempo de mis necesidades y agonías como individuo, y no como el proceso social que ha sido, la estructura y organización política que ha tenido que construirse para poder ser la fuerza que somos hoy en día.  Por fortuna,  hay gente dentro de nuestro liderazgo que vio el bosque y no sólo el árbol, trazó el camino, aprendió a esperar y nos enseñó a esperar, prefirieron sacrificar su imagen en un momento dado antes de sacrificarnos a nosotros, se jugó en equipo y apostó a la unidad; pero además se agotaron todos los caminos constitucionales, de diálogo y negociación que, a pesar de todas las críticas de muchos opositores, permitió debilitar al gobierno al ponerlo en evidencia ante el país y el mundo. Ese es el valor de la MUD y del trabajo de la inmensa mayoría de nuestros líderes, y si no se puede ver como lo veo yo, más bien en otra posición, tan válida como la mía: Esto es lo que hay, y quienes están dando la pelea desde lo real. No a raticos, ni en sus tiempos libres, o sólo por las redes sociales. Perfectible más no sustituible porque no es un parto. Sirva esta aclaratoria tanto para nosotros como para quienes integran la MUD.

Además de ser un divorcio, esto no es un divorcio de mutuo acuerdo. Es más, una de las partes nunca ha estado dispuesta a darlo.  Se ha valido de todo el poder que ha usurpado, de todos los ardides legales, ilegales y criminales que la mente humana sin valores ni ética es capaz de utilizar, para mantenerse. Somos el enemigo, y está dispuesto a todo de verdad-verdad, los hechos hablan por sí solos. Les invito a buscar las palabras totalitarismo, psicópata y psicopatía, no desde el concepto que cada uno alberga o recuerda, y refrescar estas definiciones para entender más la naturaleza de este divorcio, de qué o de quiénes se está divorciando Venezuela, a qué y a quiénes nos enfrentamos. Esto señores, es un divorcio cruento, salvaje, no hay espacio para el dibujo libre, unidos, coherentes y organizados es la única forma de enfrentarlo.

Venezuela nació en 1811, es necesario aprender de nuestra Historia, de los errores como de los aciertos que hemos tenido. Aprender, no repetir porque como en la vida, tampoco hay manuales o estos pueden aplicarse al dedillo.  Además, ya parió al muchacho, ya los parió, ahí están dando la pelea por nuestra libertad, son miles, millones. No los han herido, encarcelado, torturado, violado y asesinado. Se trata de vivir y luchar como si en Caracas ya no estuviese El Ávila, o como si sobre nuestra llanura nunca más se posará una garza, o nuestra playa más bonita se hubiese secado. Es cabalgar con un duelo infinito, que lejos de hacernos desistir, nos tiene que dar la fortaleza para perseverar en nuestro sueño de libertad. El gobierno lo entendió desde el principio, es más, se preparó desde el principio para hacerlo y hacernos creer que era algo imposible, no caigamos en sus trampas, el enemigo no está delante de nosotros, está al frente de nosotros. No confundamos estrategias, mecanismos, con lo que es este proceso. Con nuestra determinación no basta, pero es suficiente para entender que aun cuando no sepamos cuánto más va a durar, ni cuánto más sea lo que nos toque enfrentar, después de 18 años de tragedia, ultrajes, estafas, engaños, maltrato, saqueos y muerte, cuando una mujer como Venezuela decide divorciarse, es porque ese divorcio va.

 

Virginia López

@VirginiaLopez_O

Psicólogo Clínico y venezolana siempre en ejercicio

Sofia Torres

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